Decía el autor de un libro que ahora mismo no recuerdo cuál era (esta memoria mía, que empieza a fallar a mis tiernos 29 años), que de los periodos históricos se queda con la época contemporánea y con la historia antigua, porque de lo primero hay mucha documentación y de lo segundo hay muy poca. Pues a mí me pasa lo mismo, también siempre me han atraído más estas etapas más o menos por la misma razón. Sin embargo con la historia antigua a veces he notado demasiado la falta de información documental al respecto.
Por ello a menudo leyendo algún artículo o libro sobre alguna civilización antigua siempre he tenido la sensación de no saber muy bien qué me estaban contando. Aparece un imperio enorme del cual en base a unos dibujos en una piedra suponemos, por ejemplo, que se tiraban el día conreando y guerreando. De golpe ese imperio desaparece, vuelve a aparecer…y acabo haciéndome un lío. Es como si de aquí y tras una guerra nuclear o algo así alguien encontrara unos cómics de Superman y supusieran que, además de que Superman era una especie de dios, éramos tontos por no reconocerlo vestido de Clark Kent.
Pero ahora estoy leyendo un libro que está haciendo la historia antigua divertida para mí. Se trata del simplemente titulado “Historia de los griegos”, de Indro Montanelli, autor cuya vida por sí sola ya da para una novela, pero tuvo tiempo también para dedicarle a los Sócrates, Parménides, Pericles y compañía.
Probablemente repleto de inexactitudes históricas, el libro repasa todos los aspectos de la cultura griega antigua con humor y de forma muy divulgativa, haciendo su lectura muy ligera y simpática. Por otro lado sin embargo, suelta algunas frases memorables que de vez en cuando te hacen soltar el libro de golpe, pero ya decía Kafka que eso es lo bueno de los libros. Algunos ejemplos:
“Pero los dorios tenían una enfermedad: el racismo. Y hasta en esto se confirma que se trataba de nórdicos, que el racismo lo llevaron siempre y siguen llevándolo en la sangre: todos, hasta los que de palabra lo niegan”.
Toma ya, y no es el único juicio de valor sobre las diferentes nacionalidades, incluida la suya. También tiene especial atención con las mujeres, a las que también les dedica una perla como la siguiente, hablando de Hesíodo:
“Según él, fue la mujer quien trajo todos los males a los hombres (…) y en líneas generales da a entender que, rascando un poco, se encuentra una Pandora en cada mujer. De esto muchos críticos han deducido que debió de haber sido soltero. Nosotros creemos, en cambio, que cosas semejantes sólo pueden escribirlas los casados”.
¡Zas! ¡En toda la boca! Pues oye, me lo estoy pasando muy bien con este libro. Decía alguien que aquel buen presentador de televisión es el que te gustaría invitar a cenar a tu casa; pues con los escritores pasa un poco lo mismo, y a Montanelli, si es que aún vive, lo invitará gustoso, por mucho que no esté de acuerdo con su ideología o sus opiniones en algunos aspectos.
