Aquiles y la tortuga: la carrera por el ser

Posted by Jesus Ademir Morales On Marzo - 16 - 2009

ist2_3586198-greek-athletes-seamless-vector-wallpaperZenón el filósofo de Elea nos da la pauta para llevar a cabo una breve meditación acerca de la importancia que entraña para el sostenimiento de la realidad, el esfuerzo físico aunado al hermenéutico.

De acuerdo a Zenón, en cierta ocasión el gran Aquiles, conocido como el caudillo de los pies ligeros, capaz de acorralar veloz mente a guerreros de la talla de Héctor de Troya, decidió enfrentar en un improvisado certamen a una tortuga. Pero, en una actitud magnánima, Aquiles decide otorgarle al reptil una breve ventaja. Luego de que la tortuga se ha adelantado un breve trecho, el rey de los aqueos parte en rauda carrera, son el fin de rebasarla sin mucho esfuerzo. Sin embargo, para su sorpresa, no consigue alcanzar a la tortuga. Aquiles intenta esta acción una y otra vez, pero pronto descubre con pasmo que cada vez que intenta acortar la distancia que lo separa del animal, la tortuga lo adelanta sin importar su parsimoniosa marcha. Así, al final, Aquiles no logra ganar la competencia, y cae derrotado ante la tortuga.

¿Qué es lo que trató de comunicarnos Zenón, con esta célebre paradoja? Dejando de lado su evidente y profunda preocupación por el problema de la imposibilidad del movimiento; nosotros queremos destacar el modo en el que la vivencia física de las personas, supera en relevancia, a la sola experiencia intelectiva del carácter hermenéutico de la realidad.

Si todo lo que nos rodea, el mundo que experimentamos cotidianamente, es solo un tejido de interpretaciones y un entramado especular de sentidos comunicantes, entonces en la medida en la que podamos cultivar y extender con ahínco la experiencia propia del ser, por medio del ejercicio y la práctica de actividades deportivas tan naturales y sencillas, como por ejemplo la carrera, obtendremos una ganancia de perspectivas que al ser comunicadas producirán una realidad más grande e interesante para todos. Aquiles y su derrota podrían hablarnos acerca de que, superar la escisión del existente con el ser, implica un esfuerzo físico tanto como reflexivo, y que la experiencia filosófica más plena debe incluir una preocupación por la corporeidad de los seres humanos, en especial de la propia, ya que tal vez, la subjetividad del enunciante del mundo, puede tener su última justificación en una manera de dar cuenta de la vivencia física del yo.

De tal suerte que vale la pena recordar continuamente la moraleja de Aquiles y la tortuga: correr un maratón puede ser toda una fuente de conocimiento metafísico: hay que esforzarse, literalmente, en hacerse dignos del ser.

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