El alimento del alma
El pintor holandés Abraham Hendriksz van Beijeren, uno de los más grandes realizadores barrocos de “naturalezas muertas” compuso su obra más importante en el Bodegón del banquete realizado en 1667. En esta obra se pueden ver los restos de viandas que incluían alimentos marinos, frutos y bebidas espirituosas. La presentación que ofrece van Beijeren de todos estos elementos nos produce, por mor de su sobriedad, su sinceridad, una sensación de bienestar, de serenidad y armonía. ¿Cómo lo logra? Tal vez Van Beijeren, logró brindarle al alimento del alma, la auténtica sazón del existir.
La armonía y el sabor
Citemos un expresivo pasaje del escritor inglés Clive Barker, extraido de una de sus intensas novelas- auténticas odiseas de sensaciones experimentadas al límite: singulares himnos a la vitalidad-: “Las estaciones se desean unas a otras, como los hombres y las mujeres, para poder curarse de sus excesos. La primavera, si persiste más de una semana a su tiempo, empieza a ansiar el verano para dar fin a los días de su promesa perpetua. El verano, a su vez, pronto empieza a sufrir por algo que sacie su calor y el más suave de los otoños se cansará al fin del refinamiento y suspirará por una escarcha rápida que mate su fecundidad (…) Todo se cansa con el tiempo y empieza a buscar cierta oposición para salvarse de sí mismo.” La armonía, el modo en el que se manifiesta la dialéctica de los elementos de la realidad, queda de manifiesto en el alimento de los hombres, cuya singular sazón, solo se puede obtener a través de un sabio combinar. El Bodegón del banquete de Van Beijeren nos expresa que, una forma de ser en permanente búsqueda de su propia esencia, de su auténtico sabor, aún contradictoriamente, resulta en definitiva, la naturaleza más viva de todas.





ME GUSTO MUCHO ESTA OBRA