Lo admito: sí, yo veía Las Chicas Gilmore. Y sí, lo admito también, me gustaba. Por suerte, creo que no soy la única. Tal y como describía uno de los usuarios de filmaffinity, se trata de una serie que aparentemente se ajusta perfectamente a las típicas americanadas de sobremesa: familia guai que vive en un pueblo guai, con vecinos guais, donde todos son felices y comen perdices.
Pero después de un par de capítulos, te das cuenta que sus protagonistas escuchan a Björk, The Shin y a Carole King, han leído ciento veinte veces el Guardián entre el centeno y adoran el cine de los años 20 y 30. Que la serie tiene unos personajes secundarios extraordinarios, y que saben sacarle jugo hasta a la cola de la caja del supermercado. Y que así lo hacen también con su banda sonora.
Recuperamos aquí una celebrada sección de Desearte, lo opuesto al arte. En la era del bombardeo de imágenes en vez de las noticias documentadas, del twitter, los sms y los cuentos de una línea…¿quién tiene tiempo para ponerse a mirar todos los estrenos de uno en uno para comprobar si merece la pena ir a verlos? Cinecéfalo nos separa la paja del grano en unas cuantas líneas de cada uno de los estrenos semanales en las carteleras españolas. Al lío:
Todo incluído: cuatro parejas se van a una isla paradisiaca con intención en algunos casos de realizar terapia de pareja y otros simplemente a pasárselo en grande. Intuyo que acabarán ponéndose los cuernos los unos a los otros para al final volver con su pareja, o bien decidir dejarlo definitivamente. Nada, si acaso útil para parejas decrépitas. En el fondo creo que la peli es una excusa para que las actrices principales salgan en biquini. Read the rest of this entry »
Standstill ha conseguido llegar a lo más alto del “indie” español siguiendo un camino más extraño del habitual.
Componiendo en inglés e iniciando sus primeros pasos desde el hardcore-punk, un género en el que pocos grupos españoles han podido destacar, ellos lo hicieron y se ganaron un sitio en Europa, realizando giras continentales y editando incluso fuera del panorama español.
Pero su reconocimiento como artistas a un nivel superior del musical llegó con el paso a la lengua de Castilla y la autoedición de su disco “Viva La Guerra” al abandonar el sello Bcore y creando uno propio: Buena Suerte, en el que la total libertad y un sonido mucho más “suave” sería el camino a seguir.
Sus directos no tienen parangón en la escena musical española: el espectáculo “1,2,3 Sol” se creó una fama merecedora de la verdad, dónde los componentes del grupo se repartían en una sala (o en un bosque), con el público colocado justo en medio, creando un ambiente nunca visto en un concierto.
No cabe duda de la originalidad de sus composiciones tanto escénicas como musicales. Pero nunca han estado solos. Siempre han llamado a su público para participar de ellas: en realización de portadas, videoclips… Y ahora con una convocatoria que se sale aún más de lo habitual.
Con “Yo sólo necesito Cariño Respeto y Atención” nos invitan a apuntar 3 números de teléfono que se corresponden con cada una de estas palabras. En el momento en que te encontraras falto de uno de ellos, debes llamar al número correspondiente y dejar un mensaje diciendo donde estas en ese momento y el día y hora que es. Así, podrán crear un “mapa íntimo de creación colectiva” en su página web. ¿Genios o locos? La eterna pregunta.
Es mucha la expectativa creada en cada uno de sus nuevos anuncios. Y ningún seguidor de Standstill podrá perderse el nuevo espectáculo en directo que presentaran en el próximo “Primavera Sound”. Eso si, a un alto precio (95 euros). Pero si siguen con este listón de nuevas y más originales creaciones escénicas y participativas se debe estar atento y al corriente de todos sus movimientos.
Esperemos que sean muchos y muy duraderos.
Aquí os dejo el trailer del documental “1,2,3 Standstill” sobre su espectáculo “1.2.3.Sol”
Como la mayoría de la gente, yo también fui al cine a ver “Los chicos del coro” de Christophe Barratier. Y también como a la mayoría, me gustó. Sí, porque era una película de esas que sabes que te va a gustar: a todos nos encanta ver como niños malos se convierten en niños buenos, y que los malvados que hacían que los niños buenos fueran malos (porque sí, siempre todos en realidad tienen un corazoncito de oro) acaben en la cárcel o, en su defecto, enterrados.
Pero hay veces que la realidad supera la ficción. Es el caso del los protagonistas de este post: el coro PS22, formado por niños de entre 10 y 12 años y que toma el nombre del colegio al que pertenecen, el Public School 22, de Granteville (Staten Island), en Nueva York.
No se trata de un coro convencional: su artífice e impulsor, Gregg Breinberg, profesor de música de la escuela, apostó por un repertorio repleto clásicos que se mueven entre The Doors, Massive Attack, Tori Amos, Coldplay hasta Lily Allen o Lady Ga-Ga. Y dio en el clavo: el grupo ya ha traspasado fronteras, consiguiendo que más de 14 millones de personas ya les hayan escuchado a través de Youtube.
Y así sucede desde hace ya veinte años: nuestros vecinos amarillos nos deleitan una y otra vez con sus inverosímiles –o no tanto-historias.
Hoy nos centraremos en lo “no inverosímil”, en aquello que, sí, también en los Simpson, mantiene su significado fuera de las cuatro paredes del televisor: la Literatura.
Y es que los libros, de una manera u otra, han formado parte siempre de la vida de Homer, Marge y compañía.
En primer lugar, nos cruzamos Edgar Allan Poe. Maestro del terror, sus relatos ha inspirado algunos de los episodios más emblemáticos de los Simpson. Es el caso del poema “The Raven” (El cuervo), que aparece en el Especial de Noche de Brujas I, o “El Corazón delator”, en “La rival de Lisa”. A lo largo de éste último, Lisa irá adoptando similitudes cada vez más evidentes con el asesino de Poe, llevándola también a ella a esconder un diorama que curiosamente representaba “El corazón delator” bajo la tarima, pero no logrará soportar los latidos y acabará por confesarlo todo. En ese mismo capítulo, se hace mención a “Las uvas de la Ira”, de John Steinbeck.
(inicio flashback) En el pueblo de Des, perteneciente al reino de Sinde-SGAE, no habían oído nunca música. Un día, no obstante, la pequeña Cultu les trajo algo que les cambiaría radicalmente la vida: un reproductor de discos.
Pero las cosas no iban a ser fáciles: la reina de Sinde acabaría descubriendo que estaban escuchando música sin su permiso y tomaría medidas drásticas (fin flashback).
“¿Cómo se atreven a escuchar música sin mi permiso?” pensaba la reina. ”¿De dónde han sacado todos esos discos? ¿Quién es el traidor?”
La reina no lo dudó ni un segundo y utilizó a todos sus súbditos, los soldadosSGAE, para descubrir de dónde provenía tal desfachatez. Fácilmente encontraron a Net, pues por todos era sabido que se trataba del mayor coleccionista de música del reino.
Érase una vez, en un diminuto pueblo conocido como Des, situado a las afueras del reino de Sinde-SGAE, vivía una pequeña niña llamada Cultu.
Todo el mundo se reía porque pensaban que Cultu era un nombre tonto. “Qué nombre más feo, no?” se burlaban de ella. “No es feo. Es un nombre de listos”, afirmaba orgullosa, y salía corriendo, esperando ansiosa que pasaran los años para poder demostrárselo.
Cultu vivía con sus padres en una casita en el centro del pueblo. Su padre era leñador y su madre, la ayudante de la profesora del colegio.
Ah, había olvidado decíroslo: en Des no existía la música. Se podía hablar y estar en silencio, pero eran incapaces de reconocer cualquier otro tipo de sonido.
Es en días como estos cuando recuerdo cómo me encanta vivir enBarcelona y que el tiempo – ese gran desconocido que nos obliga a quedarnos en casa y a darnos cuenta de que, oh sí, en esa esquina del techo queda patente que aquella fue la primera y probablemente única ve que sostuvimos una brocha con pintura en nuestra mano- me permita salir a la calle y sonreir sin que se me congelen las comisuras de los labios. Sí, porque gracias a eso pude disfrutar del personaje que ocupa este post: Aaron Lordson.
Llámenme inculta, pero no supe nada de él hasta hace un par de meses. Quizás como muchos otros. O no. En realidad, la mayor parte de su carrera se ha desarrollado en la calle. Y resulta difícil de creer cuando se le escucha cantar: es entonces cuando uno se siente estúpido por no saber quién es o no habérselo encontrado antes.