La pequeña Cultu en el reino de Sinde-SGAE: desenlace

Posted by Eva Rodríguez On Enero - 27 - 2010

Recordemos brevemente la historia:

Música

(inicio flashback) En el pueblo de Des, perteneciente al reino de Sinde-SGAE, no habían oído nunca música. Un día, no obstante, la pequeña Cultu les trajo algo que les cambiaría radicalmente la vida: un reproductor de discos.

Pero las cosas no iban a ser fáciles: la reina de Sinde acabaría descubriendo que estaban escuchando música sin su permiso y tomaría medidas drásticas (fin flashback).

“¿Cómo se atreven a escuchar música sin mi permiso?” pensaba la reina.  ”¿De dónde han sacado todos esos discos? ¿Quién es el traidor?”

La reina no lo dudó ni un segundo y utilizó a todos sus súbditos, los soldados SGAE, para descubrir de dónde provenía tal desfachatez. Fácilmente encontraron a Net, pues por todos era sabido que se trataba del mayor coleccionista de música del reino.

- Don Ignacio de Netebea, ha sido usted quién ha hecho llegar la música al pequeño puebo de Des?

- Sí, así ha sido. Sólo quería enseñarles qué era una canción.

- Usted no tenía potestad alguna para tomar esa decisión. Así pues, queda desterrado de este reino.

Y así fue como el reino de Sinde-SGAE perdió a uno de sus miembros más valiosos: el joven Ignacio de Netebea.

Pero la cosa no iba a ser tan fácil.

Por aquel entonces, Cultu ya era una experta en música: había seguido indagando y se conocía al dedillo todos los discos que su tío le había proporcionado; incluso se había atrevido a utilizar la madera de su padre para construir su propio instrumento musical. Tal y como su tío le había informado, ahora tenía una guitarra.

Aprendió rápidamente a tocarla; de hecho, estaba tan agradecida a los creadores de música que guardaba todo el dinero que ganaba para dárselo a ellos, dado que el barbero y el doctor le pagaban algunas monedas por deleitarlos con tan magnífica interpretación de sus canciones favoritas.

Cuando la reina se enteró de que la música permanecía en el pueblo de Des, la ira se apoderó de ella y decidió vengarse por aquella intromisión en su propiedad. Así que mandó a todos los soldados SGAE a la otra orilla del río.

En primer lugar, se acercaron a la barbería.

- Perdone, señor barbero, pero usted no puede escuchar música aquí.

- Pero, por qué? – respondió él, sorprendido.

- No puede disfrutar gratuitamente de tan preciado privilegio de la reina sin su permiso.

Y el señor Barbero tuvo que dejar de escuchar música, pues no tenía dinero suficiente para pagar el canon impuesto por la reina.

Siguieron andando, y llegaron a la plaza del pueblo. Incrédulos, descubrieron que el coro de la escuela estaba interpretando canciones populares que pertenecían a la reina sin su consentimiento.

- Perdone, señor alcade, pero usted no puede cantar estas canciones.

- Pero, ¿por qué? – contestó, incrédulo.

- No puede disfrutar gratuitamente de tan preciado privilegio de la reina sin su permiso.

Y el señor alcalde tuvo que ordenar a los niños que dejaran de cantar y volvieran a la escuela, pues no tenía dinero suficiente para pagar el canon impuesto por la reina.

Así que continuaron su viaje. Pasaron por delante de la iglesia, donde un ansioso novio esperaba la inminente llegada de su futura esposa. De fondo, se oía la guitarra de la pequeña Cultu, que intentaba robarle los nervios al joven.

- Perdona, pequeña, pero no puedes tocar estas canciones .

- Pero ¿por qué? – preguntó la niña, sin comprender nada.

- No puedes disfrutar gratuitamente de tan preciado privilegio de la reina sin su consentimiento.

La pequeña Cultu, sorprendida, paro de tocar, pero no pudo contener las  lágrimas que derramaban sus ojos. Así que se acercó a uno de los de los soldados:

- Perdone, señor, pero qué tengo que hacer para poder tocar mi guitarra?

- Debes pagar a la reina – afirmó él.

Y dubitativa, insistió:

- Pero es que yo no tengo dinero – le dijo.

- Lo siento, pero la música pertenece a la reina. Si no le pagas, no podrás escucharla.

La pequeña, no obstante, seguía sin entenderlo:

- Entonces…todas las canciones las ha compuesto la reina?

- No, ella no, pero a ella le pertenecen.

- Y qué hace la reina con ese dinero? – preguntó.

- La reina hace que la gente pueda seguir escuchando música. Consigue que siga habiendo música, porque tiene que pagar a quienes escriben las canciones.

Tras un breve silencio, ella insistió, inquieta.

- Pero…yo tengo dinero para pagar a los que escriben las canciones -afirmó, mostrándoles el dinero que guardaba en el bolsillo de su vestido.

Los soldados echaron a reir al ver las pocas monedas que tenía.

- Lo siento, pero esto no es suficiente para pagar a la reina.

La pequeña se entristeció.

- Pero…si yo no pago a la reina, no puedo escuchar música. Y si hay más personas sin dinero, tampoco podrán escucharla. Entonces…quién va escribir canciones que nadie va a escuchar?

- Siempre habrá gente que pagará por la música. Lo siento, niña. – sentenció el soldado.

- Pero…y si quiénes crean música ya tienen dinero y han ganado mucho por las canciones que quiero tocar, también tengo que pagar? – añadió la pequeña.

Los soldados, cansados de la niña, se marcharon sin responder, contentos por haber cumplido con su deber.

Y así, tan rápido como la música apareció en el pueblo de Des, se esfumó de él.

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