Cuando oigo el nombre de Antonio Mercero, vuelvo a mis diez años y me viene a la cabeza la imagen de un señor con melena blanca y gafotas de pasta, gordito y sonriente. Y me acuerdo entonces de Farmacia de Guardia y Verano Azul. Qué se le va a hacer, los recuerdos grabados de pequeños no se borran facilmente.
Ayer en la Gala de los Goya, la Academia de Cine volvió a reconocer el indiscutible trabajo de Mercero. En su nombre acudieron algunos de sus hijos puesto que él sufre la enfermedad de la que curiosamente hablaba su última película, ¿Y tú quién eres?, hace apenas un par de años: Alzehimer.
Qué decir de ese momento de la ceremonia. Impresionante discurso de Antonio e Ignacio Mercero. Impresionante Alex de la Iglesia entregándole el Goya al maestro e impresionantes también las lágrimas del GRAN Wyoming . Sí, porque tal y dijo este último en el Intermedio en referencia a una inaceptable/inapropiada noticia que apareció en el diario El País, Mercero está enfermo, no muerto.
Nacido hace casi 74 años en tierras guipuzcoanas, Mercero apareció en el panorama cinematográfico hace ya más de cincuenta acompañado del corto “Lección de arte”, que le proporcionó la Concha de Oro y la Perla del Cantábrico en el festival de San Sebastián de 1962. Y siguió cosechando éxitos, basados muchos de ellos en historias de niños, como “La guerra de papá”, sobre el ya clásico “El príncipe destronado”, de Miguel Delibes, o la elogiada “Planta cuarta”, protagonizada por el archipremiado Juan José Ballesta. Pero más allá de la ternura infantil, Antonio Mercero ha sabido dibujar el mundo adulto con films como “La cabina” o acercarse a la incertidumbre de la Guerra Civil con “La hora de los valientes”, entre otros.
Aunque es cierto, sus mayores éxitos han venido dados, al contrario de lo que él quería, gracias a la televisión. Series como “Farmacia de Guardia”, “Verano azul” o “Turno de oficio” han traspasado pantallas y escrito sonrisas en muchos de nosotros. Y lo seguirán haciendo porque Antonio Mercero ha sabido, a pesar de todo, sacar historias bonitas de historias tristes y explicárnoslas como quien cuenta un cuento de buenas noches.




