Hace cosa de tres meses, la casualidad me llevó a visitar el Palau de la Virreina, centro de arte contemporáneo situado en pleno centro de Barcelona. En esa ocasión, coincidí con una exposición dedicada a José Pérez Ocaña, el que fue Reina de las Ramblas.
Siempre he aborrecido a los cultumitos, esos que, por A o por B, han sido empujados a lo más alto en reconocimiento a una carrera supuestamente infravalorada y a una muerte excesivamente gore. El caso es que hay veces que, aún cumpliendo con todos los requisitos, acaban quedándose en la sombra. Y para mi, y salvando las distancias, ese es el caso de Ocaña.



