(Incluso Cameron Crowe se atrevió a describir el periodismo musical de la mano de Rolling Stone en la ya clásica “Almost Famous”.)

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, el mítico disco de David Bowie, me recuerda, tal y como explicaban mis apuntes de matemáticas, a una parábola: Ziggy llega y se crece  hasta alcanzar el clímax, acabando finalmente cayendo de forma vertiginosa. En realidad, para eso sirven las matemáticas, para explicar cosas.

Unos cursos más he de avanzar para intentar describir la evolución de la revista Rolling Stone.

Me topé con su versión española por vez primera a mis 13 años. Y debió ser una mezcla de curiosidad y de vergüenza, porque de buena gana me habría llevado también una de esas revistas para adolescentes salidos.

No sólo me gusto: me encantó. Evidentemente se trataba de una revista para todos los públicos, música de multitudes que no pretenden ampliar la baraja, sino simplemente conocer algo más de lo que ya tienen. En definitiva, una apuesta por lo seguro, sin más pretensiones que las referidas a la calidad y hasta cierto punto originalidad de sus artículos. Y funcionaba: reportajes completos, relativa variedad temática, mucha música, algo de política y de vez en cuando algún que otro guapito guai para amenizar la velada.

Pero, como en una función matemática, la revista Rolling llegó a su punto álgido: de repente, el tamaño de los reportajes empezó a reducirse al tiempo que los guapitos guais y no tan guais iban ganando portadas. Y comenzaron a salir “one hit wonders” de debajo de la cama para ir destronando paulatinamente a los ya residentes entre sus páginas: Paulina Rubio apareció en portada como dios la trajo al mundo, y a Angelina Jolie sólo le faltaron unas fresitas para ser digna de la revista Playboy. Incluso Eto’o posó como sacado de un anuncio de esteroides para futuros musculitos. Finalmente, llegó el éxtasis que todos esperábamos: UPA dance aparecerían en abril de 2003 en una portada que habrían vetado hasta en SuperPop.

Evidentemente, la discutida calidad de la revista no se vio afectada sólo a primera vista: futbolistas, políticos y showmen ocupaban ahora gran parte del contenido, aparcando en definitiva la esencialidad de la Rolling, en la que música, sociedad, moda, política deberían haber tenido cabida, pero desde un punto de vista más racional, lógico y coherente.

Sin ir más lejos, en agosto de 2009, alejados ya del abismo por el que se había desplomado la revista, se dedicaron más de 20 páginas a lo que se llamó “HOT09”, curioso apartado en el que se mezclaban la archiconocida actriz porno  Sasha Grey, el reportaje titulado Rocklover, literalmente “trucos para ser un auténtico follador”  o “Esto es una orgía”, un morbo-reportaje sobre estrellas del rock digno de cualquier programa de Jaime Cantizano.

Un mes antes, en julio de 2009, en el reportaje en portada , “El Rock del Congreso”,  grandes expertos de la música como Nacho Uriarte, Rosa Díez o  Fernández de la Vega confesaban, entre otras cosas, que Nena Daconte había sido su gran descubrimiento del año . Y, oh sí, como les sobraron dos páginas, decidieron invertirlas en publicar un listado con los gustos musicales de todos los congresistas españoles. Orgásmico, sí señor.

Mientras tanto, y hasta que vuelvan a escribir algo menos propio de estudiantes de secundaria, podremos disfrutar de sus grandes listas de “las mejores canciones de…”, “los mejores discos de…”,  “las mejores canciones por…” o “los mejores discos por…”. Todo un lujo.

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