Suelo marearme en los trenes, así que normalmente mis trayectos no se ciñen a la mera contemplación de algo parecido a un paisaje, sino más bien se convierten en una lucha interna por parecerme a M.A de “El equipo A” y poder llegar durmiendo plácidamente a mi destino.
No obstante, días como el de ayer hacen que me olvide de esas tonterías y que me siente de vuelta en el vagón con una sonrisa puesta en los labios. Y es que salir de la estación y ver que hay un piano en medio Barcelona, y que con relativa timidez algunos aficionados se acercan y tocan también con relativa espontaneidad lo que mejor se conocen, o lo que más les apetece, da lo mismo, no puede provocar más que esa sensación. Read the rest of this entry »





