Lukas Moodysson y Lilja 4-ever: las maravillas del séptimo arte

Posted by Eva Rodríguez On febrero - 3 - 2012

Me crucé con Lukas Moddysson casi por casualidad, curioseando entre montones de películas con carátulas de atractivo dispar. Si bien sus múltiples mensajes de “Selección oficial para…” resultaban ciertamente interesantes, lo que finalmente decantó la balanza fue el cuello gigantesco del jersey que aparecía en la portada de Lilja 4-ever. Cabe decir que este criterio suele servirme para la elección de películas, pero en el caso de los libros soy un poco más escéptica, ya he tenido más de un susto, como el del soporífero “la elegancia del erizo”, que no desearía ni a mi peor enemigo. En este caso, sin embargo, acerté.

Lilja 4-ever se ha convertido en una de mis películas preferidas. Y no lo ha hecho precisamente por gozar de una perfección estética ni de una magnífica banda sonora de la mano de la banda alemana Rammstein. O quizás sí, porque resulta sorprendente cómo el uso de esa aparente incoherencia tanto visual como sonora consigue redondear de forma tan enigmática un film. La perfección de la imperfección, será.

Lilja tiene 16 años, vive en la URSS de la década de los 70 y se prostituye para sobrevivir después de que su madre se fuera a EEUU dejándola totalmente desamparada. Ahora a Lilya ya sólo le queda un bastón, su amigo Volodia, para intentar salir adelante. Y si fuera una película americana, al final su madre volvería y todos vivirían felices y comerían perdices. Pero no es así, que nadie se espere el más mínimo mensaje alentador como moraleja.

El caso es que nunca antes me habían despertado imágenes de una película durante tantas noches seguidas. De hecho, aún no he conseguido quitarme de la cabeza el desespero de Lilja cuando su madre se va. Porque Lilja es así. Lilja habla sobre la explotación sexual de menores de forma cruda y descarnada, dolorosa, desgarradora. Lilja te destripa, se destripa. Lilja es casi inhumana. Porque si Moodysson te la hubiera presentado como una película lacrimógena, habría sido más fácil olvidarla, desprenderte de ella.

Y ésa es la maravilla de Lilja: consigue dejarte huella, pero de verdad, y hacerte sentir como una mierda ante tan implacable indiferencia con la que nos enfrentamos a esta aparentemente alejada realidad. Y lo hace de una forma sumamente atractiva.

Mi segundo encuentro con Moodysson vino de la mano de Fucking Amal, un drama sobre la homosexualidad adolescente. Y pese a las atrocidades que puede presentarnos el cine sobre adolescencia y sobre homosexualidad, y encima combinados, Fucking Amal consigue un resultado redondo bastante interesante. Pero de ella ya hablaremos más adelante. que hoy hace frío y necesito calentarme las manos.

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