Archive for the ‘Filosofía’ Category

El arte de Teresa Margolles

Posted by Jesus Ademir Morales On Marzo - 2 - 2009

catafalco_1997_de_teresa_margolles_y_semefoRecientemente se ha presentado en la Casa de América en Madrid, una exposición de arte latinoamericano encabezada por la mexicana Teresa Margolles (1963), una de las figuras más controvertidas de la cultura contemporánea. Margolles es célebre por la profundidad trasgresora con la que aborda temas escabrosos y delicados para el habitual “buen” gusto del público: utilizando frecuentemente para ello cadáveres en descomposición, o materiales derivados directamente de ellos. En México es muy recordada una exposición celebrada en el Museo de Arte Carrillo Gil en los noventas, donde Margolles y su grupo de creativos expusieron entre otras asombrosas piezas un tiovivo elaborado con cadáveres momificados de poneys, o también, una cabeza de caballo blanco diseccionada y expuesta en un cristal transparente: bella y nívea por un lado, y por el otro con toda interioridad sanguinolenta e incluso con evidencias de descomposición. También causó mucho impacto una obra de Margolles en la que se exhibía un feto encapsulado en concreto, u otra, realmente extrema en la que la artista sinaloense esparcía en el aire los vapores resultantes de restos humanos calcinados. En la exposición que se presenta en la Casa de América, “Regreso. Arte latinoamericano y memoria”, Margolles, presenta, en una reunión admirable de varios polémicos artistas, una obra que destaca entre algunas otras, titulada “Proyecto de parque infantil”, en el que un feto de caballo se encuentra empotrado en un balancín de hierro.

Margolles pondera en las explicaciones a sus escandalosas obras un persistente afán de protesta, en contra principalmente, de la violencia y de la falsa moral que la disimula. Pero, sin embargo, es posible ir más allá de esto, e interpretar su tentativa como una profunda inquisición sobre la belleza de una cierta vitalidad que trasciende la muerte. La labor creativa de Teresa Margolles, en este sentido, estaría emparentada con la del poeta mexicano José Gorostiza, autor de uno de los poemas más importantes del siglo XX (reconocido esto último por personalidades de la talla de Ocatvio paz o de Carlos Fuentes), nos referimos a la larga composición filosófica “Muerte sin fin”, que por ejemplo, en ciertos fragmentos, versa de la siguiente manera

“Mas nada ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha;
presume, pues, su término inminente …
…largas cintas de cintas de sorpresas
que en un constante perecer enérgico,
en un morir absorto,
arrasan sin cesar su bella fábrica
hasta que —hijo de su misma muerte,
gestado en la aridez de sus escombros—
siente que su fatiga se fatiga,
se erige a descansar de su descanso
y sueña que su sueño se repite,
irresponsable, eterno,
muerte sin fin de una obstinada muerte,
sueño de garza anochecido a plomo
que cambia sí de pie, mas no de sueño,
que cambia sí la imagen,
mas no la doncellez de su osadía…”

En la muerte sin fin de Gorostiza, como la de Margolles, como la del suizo H.R.Giger, o como la del mejor cineasta del splatterpunk cinematográfico underground, Jorg Buttgereit, la muerte misma, al ser des-cubierta en vida, es decir, trasgredida, violentada, rasgada, nos deja ver una dialéctica de vida: nada se pierde en el proceso, todo deviene en el fragmento, cada ser al morir, en el fondo solo cambia, se transforma: la vida no es más que un perecer constante y amnésico, que algunos buscan hacer recordar, para no olvidarlo más, ni aún en el último instante posible, para dejar de ser – quizá- el último posible.

Aforismos en torno a “El Laberinto” de André Masson

Posted by Jesus Ademir Morales On Febrero - 26 - 2009

andre-masson-le-labyrCada hombre tiene la posibilidad de perderse en su laberinto interior, una sola vez en su vida, para encontrarse infinitas veces más allá de lo que esperaba hallar en ella.

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Masson pugnó en sus obras por indagar en el estrecho vínculo que une al hombre con su naturaleza profunda. Tal pareciera que los habitantes de su Dite personal- de morfologías rebosantes de ser, entes a punto de colapsarse de pura voluntad de existir- hubiesen asimilado toda la fuerza vital del espíritu silvestre del mundo. Y tal vez haya sido así, tras la obra de Masson todo parece más insustancial: literal-mente hablando, sin más.

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Cuando Teseo, llegó al final del cordel del dulce canto, sólo se encontró: solo en su interior: la cornamenta enhiesta ofrenda a un cielo vacío, los ojos torcidos entre lágrimas de Mercurio, la sonrisa turbia de re-conocimiento sincero… que al fin comprende.

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El devenir incesante de la realidad parece tener en las obras de André Masson su manifiesto más elocuente. Su pintura deja ver al ser humano interior, su profunda naturaleza, sus mundos dolientes. Heráclito se asoma a la superficie del río que nunca es el mismo, y se contempla en los tenebrosos abismos agitados, que explora Masson. La vida, la muerte, la violencia, el placer, los sueños y las cosas re-velan en Masson como las apariencias/sueños de un dios delirante que se expresa como una lira tocando acordes fúnebres, y como un arco que derribara a la luna para dejar nacer al sol.

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El laberinto” de André Mason parece haber sigo creado por alguien que buscaba más el extravío que la salida. Pero como bien pre-sintió Wittgenstein: “El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo”. El caótico Minotauro que aguarda en el oleo de Mason, lo sabe, pero nunca nos lo dirá. No nos queda sino penetrar allí, y sentirlo en carne viva.

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La violencia y la mitología son otras de las constantes para comprender a Masson. En su obra bien puede hallar un contrasentido, quien esperaba ver al ejercicio hermenéutico libre de toda imposición metafísica. Pero toda tentativa por interpretar al ser conlleva una pre-comprensión del mundo, que determina su manifestar: el hilo del logos que nos había ayudado a explorar los ínferos del alma, de acuerdo a la desgarradora sabiduría de la pintura de Masson, al final termina por constreñirnos hasta el agotamiento. El último instante de nuestro mistérico pero vano sacrificio, nos deja ver que la silueta de sinuosa Ariadna que había trazado el cordel, no era más que un umbral que se soñó salida, y que ahora se difumina para toda la eternidad.

El enigma interior: Don Quijote y la Cueva de Montesinos

Posted by Jesus Ademir Morales On Febrero - 26 - 2009

Los aspectos más relevantes en la existencia de un individuo no se resuelven en la consciencia, y ni siquiera, en este mundo cotidiano que habitamos. Continuamente ingresamos a espacios vivenciales que trascienden lo meramente fáctico; ciertas experiencias interiores insospechadas; ciertos estados de comprensión alterados, que se difuminan de inmediato con el desgaste de lo habitual. Y sin embargo, esos ámbitos están allí, son parte integral de nuestro interior, son el eco de la alteridad potencial que nos es inherente. El arte, los sueños, la locura, la poesía, el amor, son umbrales para acceder a ellos y transformar por completo la manera como experimentamos el mundo, nos lo tornan plural, misterioso y revelador.

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El viaje más peligroso del Quijote

Un ejemplo de la manifestación de dimensiones de otredad en nuestro acontecer común, lo podemos ver ilustrado en el célebre episodio del Quijote acerca de la cueva de Montesinos. Recordemos como Don Quijote, acompañado por Sancho y el Primo se decide a ingresar a este lugar para poner a prueba su noble valentía. Tras haber sido bajado allí, a las tinieblas profundas, por medio de una soga; luego de un par de horas, Sancho y el Primo lo suben de nueva cuenta. Pronto descubren que Don Quijote duerme. Al reaccionar, les relata como en las honduras de la cueva conoció a seres de fantasía: el gran Montesinos, Durandarte, una procesión de etéreas doncellas enlutadas, la señora Belerma, quien lleva en sus manos el corazón de su amado. Don Quijote también contempla allí a Dulcinea, el amor de su vida, quien tras mirarlo, sin decir ni una sola palabra, le da la espalda y escapa apresuradamente.

Dulcinea: el ser y la nada

Ni Sancho, ni el primo le creen nada: Don Quijote afirma que estuvo allí durante días, y asegura haber visto cosas que son solo invención del escudero. Y sin embargo, tanta fuerza tuvo para el noble hidalgo esta experiencia, que a partir de ese instante, su ánimo quijotesco irá menguando hasta desembocar en su triste desenlace: la reaparición postrera de Alonso Quijano. Es posible que el episodio de la Cueva de Montesinos haya sido una manera en que Don Quijote interpretara los avatares de su propia existencia, comprendiéndolos de una manera distinta, en donde cada uno de los elementos que allí conoció, no fueran sino manifestaciones de su propio ser: sus anhelos, sus sueños, sus frustraciones, reflejados en lo absolutamente Otro. Tal y como lo hicieron Ulises, Eneas, Dante, Joyce, Kafka o David Lynch. En su sencillez, este pasaje es la culminación de una épica personal, en donde Don Quijote fue héroe más que nunca, pues se arriesgó a tocar los límites del mundo, de la racionalidad, y se asomó para saber que podía descubrirse más allá: imágenes dispersas de belleza inasible, en las doncellas enlutadas, en los palacios cristalinos; símbolos de muerte como en el puñal de Durandarte; la realidad cotidiana como una farsa grotesca en la irrupción de la economía en lo onírico, etc. Pero por encima de todo, la imagen de Dulcinea alejándose, como Beatriz ante Dante, como Eurídice ante Orfeo: hermoso símbolo de una trascendencia imposible para el caballero, para nosotros humanos, demasiado humanos, aferrados desesperadamente a los enigmáticos alcances de nuestra inmanencia.

Libros que hay que leer

Posted by Santi Plaza On Febrero - 1 - 2009

libros

Mi instituto de secundaria tenía una habilidad especial para contar en su plantilla de profesores con aquellos más exigentes, la mayoría amantes de sus disciplinas y la mayoría incluso algo excéntricos. Uno de los que cumplía con creces estas características era Ignasi Boada, profesor de filosofía.

Sus métodos de enseñanza eran legendarios, así como su obsesión por la puntualidad. Cuando llegaba la hora exacta de la clase, cerraba la puerta y no dejaba absolutamente a nadie entrar. Sólo permitía a los rezagados acceder al cabo de 30 minutos exactamente, periodo tras el cual volvía a abrir la puerta. Cuentan, y seguramente es verdad, que un día todos llegaron tarde por un problema que se habían encontrado y cuando llegaron a clase vieron a través del cristal de la puerta – que por supuesto no se abrió – cómo el profesor había repartido fotocopias por las mesas y estaba dando la clase hablando para nadie. Read the rest of this entry »