Los espacios sagrados de Tepozotlán

Posted by Jesus Ademir Morales On septiembre - 1 - 2009

29508884_67a378dddbLas capillas de los franciscanos en Tepozotlán, en la riqueza de su barroquismo, manifiestan la contradicción metafísica de lo humano: esa elocuente saturación de ausencia, hermanada con una patente atmósfera de teofanía, piadoso silencio de la materia.

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Las imaginerías religiosas para representar los espacios celestiales en los espacios sacros de Tepozotlán, rebosan de erupciones vegetales áureas; como si los reinos excluidos por la vehemencia impositiva animal, se hermanarán para expresar la voz de la divinidad. De tal modo que la planta mecida por el viento, y el soliloquio de brillos de la plata al ocaso, en su muda expresión, real-mente expresan. Solo nos resta apre(h)ender y escuchar (el silencio).

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Tepoztlán: puño montañoso buscando alcanzar el Cielo; Tepozotlán: descenso ofrendado de lo divino al tacto inspirado de lo humano.

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En Delfos la sibila dejaba escapar la voz oracular del dios, que se hacía presente por medio de enigmas. En el afán de hallar un sentido a su críptico mensaje, se gestó la actual racionalidad del hombre. En ciertos espacios del ExConvento de San Francisco Javier, se puede percibir tal complejidad estética, que esta ventana de otredad parece volver a abrirse: pero aquí la razón debe volver sus pasos hacia sus místicos orígenes, fascinada por la trascendencia de su propia anamnesis.

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Tepozotlán: luego de conquistar espiritualmente un imperio entero, aventurarse a colonizar estéticamente el Cielo mismo, con tan humanas creaciones.

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Tal pareciera que la arquitectura de la Iglesia de San Francisco Javier se afanara por alcanzar la otredad de cualquier manera posible: sus alturas se tienden hacia los dominios celestiales, etéreos e inefables; tanto como la profundidad y abigarramiento de sus capillas evoca una mundana, y comprensible, carnalidad.

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Posiblemente, la fachada de la Iglesia de San Francisco Javier, en su barroquismo extremo, no nos diga nada, porque nos manifiesta Todo.

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La combinación de artes de los espacios sagrados de Tepozotlán acrisolan una sola sabiduría, de sacralidad religante y abierta a todos. (Y pensar que Grecia estuvo tan cerca de la Gracia)

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Se cuenta que la Casa de Loreto del ExConvento franciscano en Tepozotlán es una fiel reproducción de la morada de la Virgen María en la ciudad de Éfeso. Por la unidad admirable de su composición, se entiende como un Oscuro alumbró al mundo entero precisamente desde esa misma antigua ciudad: el logos, voz de divinidad que expresa todos los mundos posibles, desde la singularidad humana.

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La geometría de la Capilla doméstica de San Francisco Javier, estructurante y ornamentadora, es como una referencia de la ruta de los pitagóricos en su camino ascendente hacia la cifra más alta de sacralidad. Las etapas hacia Dios valen más si se cuentan.

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En Tepozotlán los mexicas sacrificaron vidas para perpetuar la existencia del Universo; los jesuitas por su parte, allí mismo, ofrendaron el mundo entero- en la complejidad de sus espacios sagrados- para ganar la eternidad de una misma humana alma.

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Imposible que el Relicario de San José, en Tepozotlán, fomentara en los novicios meditaciones sobre un buen morir: tanta vitalidad en policromías, tanto respiro de adornos, tanto y tan puro deseo de (g)estar.

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Los retablos elaborados por Miguel Cabrera e Higinio de Chávez para el templo de San Francisco Javier son sublimes tentativas condenadas al fracaso: imposible querer ir más allá al contemplarlos, al comprobar que el cielo es tan humanamente cercano.

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La caligrafía de luces y reflejos de los retablos de Tepozotlán es por demás expresiva: sin un solo sonido obsequia música; sin una figura central, expone el anhelo de todos los seres, y con solo perecederos materiales, supo comunicar la eternidad.

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Es difícil no identificarse con los ángeles rebeldes, si dejarse caer al mundo puede ser tan digno como elevarse al Cielo, en los retablos de Tepozotlán.

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Creer es tan fácil como crear, en Tepozotlán

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Museología posmetafísica: el llamado de la otredad

Posted by Jesus Ademir Morales On agosto - 6 - 2009

El Llamado de La Otredad Un trabajo conjunto por parte de Blanca Gonzalez Jimenez, María Ignacia Ortiz, y Jesús Ademir Morales Rojas. Guión Museológico para una muestra sobre la obra de los fotógrafos Nacho Lopez, Graciela Iturbide, y Juan Rulfo. Un ejercicio académico para la Academia Mexicana de Ciencias Antropológicas y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, Agosto, 2009

Ecos en el silencio: traducir es interpretar

Posted by Jesus Ademir Morales On junio - 12 - 2009

el-espejo-falso-rene-magritte-1935Walter Benjamin, el inolvidable pensador alemán, consideraba que los seres humanos se comunican en el lenguaje y no por el lenguaje. El hondo sentido de esta perspectiva podemos visualizarla si la relacionamos con el fenómeno de traducir una lengua extranjera. En un estupendo ensayo, también de la autoría de Benjamin, titulado “La tarea del traductor”, el filósofo sostiene que el original de una obra, la poesía pura, es incomunicable, y por lo tanto, toda traducción, entendida en su sentido tradicional de comunicar un mismo sentido, carece de toda utilidad.

En contraparte, Benjamin consideraba que traducir no lleva hacia un acto reproducción, o de corrección, de cierto contenido dado de antemano, sino que, más bien, logra hacerlo florecer de nueva cuenta. Traducir es interpretar. Y así, los mensajes comunicados en una lengua extranjera no nos devuelven el objeto referido bajo ninguna circunstancia sino que lo hacen brotar de nuevo: la realidad compartida permanece siempre como un crisol fecundo, novedoso y perenne de vivencialidad.

Benjamin pondera que, la misión primordial de quien traduce, es hallar en la lengua utilizada el talante más adecuado para que pueda acontecer un eco del original. Por lo tanto, cuando aprendemos un idioma extranjero, lo más importante no es aprender a la perfección las reglas gramaticales o el conjunto más vasto de vocablos, sino encontrar la interioridad conveniente para dejar ser un nuevo mundo, en la comprensión propia.

Un ejemplo de esta postura de pensamiento la podríamos hallar en la obra del pintor Rene Magritte. Célebre es la manera en la que Michel Foucault, el gran historiador de la cultura, supo destacar la ambigüedad profunda de Magritte. En ese mismo cauce, deseamos proponer como Margitte intenta religar el mundo más allá de toda subjetividad, como quien empieza a descubirir(se), creando una nueva manera de ver el mundo al acercarse a una lengua extranjera.

Benjamin y Magritte nos exponen que lo más valioso es poder (re)crear nuestra propia identidad, a través de estrategias novedosas y sorprendentes. Los distintos lenguajes, los dialectos, los idiomas, se concilian en un ámbito infinito de vacío, mientras forjan Todo en virtualidades iridiscentes.

Cinco viajeros en diez aforismos

Posted by Jesus Ademir Morales On junio - 2 - 2009

leonora-carrington-laberinto-1991-oleo-sobre-telaOdiseo nunca regreso a Ítaca. Por lo menos no a la misma de la que partió. Sin embargo, supo hacer de cada escala una nueva morada. En cambio Penélope, sin salir jamás de su isla llegó más lejos, y estuvo presente en sitios innumerables: escenarios varios para un mismo reencuentro, construidos de pura añoranza.

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Al cabo del tiempo Odiseo, sofocado de tedio, quiso volver a viajar. Y para evadir familiares reproches, escapó disfrazado: recorrió mundo y tiempo, en la figura de Dante, Fausto, Alonso Quijano, Karl Rossman o Leopold Bloom. A la postre, tuvo nostalgia; empero, era demasiado tarde: Ítaca por su parte, había partido también. En su lugar había un lugar extraño y desconocido. Jamás regresó.

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Eneas viajó hasta el mundo de los muertos para conocer la travesía de su propio destino. Sin embargo, el caudillo nunca supo que, paradójicamente, esta inusual cartografía conducía disimulada e ineluctablemente, desde el triunfo de la vida, hasta los reinos de ultratumba, en un eterno retorno.

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Las mismas llamas de la pira de Dido, fueron las que alumbraron la senda marina de las naves de Eneas al partir. Así de grande fue su sacrificio. Lo que nadie sabe es que, tras eras, aún brillan ciertas pavesas: guías esperanzadas de un regreso imposible.

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Herodoto no mintió: quien viaja con el corazón encendido, arriba a lugares que, a veces, no se equiparan con los deseos del alma. Cualquier lugar puede ser maravilloso, si se le mira como si fuese la primera vez que se mira.

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Egipto nunca existió. Solo el espíritu de Heródoto pudo haberlo concebido. Y sin embargo, luego de dinastías y faraones, de templos, ciudadelas y pirámides, de dioses, héroes y tumbas, su invención se tornó tan vasta y magnífica, que siguió por sí misma su propia historia. Nuestra historia.

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Los umbrales del Infierno estaban escritos en una inédita clave, a la inversa, como una prueba más: ni siquiera Dante supo descifrar este sentido. La esperanza fue la que abandonó a los que renunciaron a seguir su propio sino, cualquiera que fuese. Y así, quien busca orientarse para salvar la vida, sin fe; no hace sino viajar, siempre, a las profundidades de su propia perdición.

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Dante encontró a Beatriz en brazos de Dante: los descubrió en el momento mismo en el que la pareja, entrelazada, se disolvía en la vorágine de las fuerzas celestiales en ascenso al infinito. Y así, quien viajó más allá del mundo para encontrar a quien siempre soñó- en el vacío- se extravió por fin.

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Sin trasladarse- Karl viajó a una América laberíntica, y se perdió allí. Al cabo de un tiempo pudo regresar a Europa, el atribulado Kafka. – a ningún lado.

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Joseph K viajo hacia el Castillo para poder encontrar quien le diera razón de todo. Sin embargo, en cada ocasión, Kafka le cerró la puerta. Siempre esperó.

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Naturaleza viva: la sazón del existir

Posted by Jesus Ademir Morales On mayo - 30 - 2009

520px-abraham_hendriksz_van_beyeren_-_banket_stilleven1El alimento del alma

El pintor holandés Abraham Hendriksz van Beijeren, uno de los más grandes realizadores barrocos de “naturalezas muertas” compuso su obra más importante en el Bodegón del banquete realizado en 1667. En esta obra se pueden ver los restos de viandas que incluían alimentos marinos, frutos y bebidas espirituosas. La presentación que ofrece van Beijeren de todos estos elementos nos produce, por mor de su sobriedad, su sinceridad, una sensación de bienestar, de serenidad y armonía. ¿Cómo lo logra? Tal vez Van Beijeren, logró brindarle al alimento del alma, la auténtica sazón del existir.

La armonía y el sabor

Citemos un expresivo pasaje del escritor inglés Clive Barker, extraido de una de sus intensas novelas- auténticas odiseas de sensaciones experimentadas al límite: singulares himnos a la vitalidad-: “Las estaciones se desean unas a otras, como los hombres y las mujeres, para poder curarse de sus excesos. La primavera, si persiste más de una semana a su tiempo, empieza a ansiar el verano para dar fin a los días de su promesa perpetua. El verano, a su vez, pronto empieza a sufrir por algo que sacie su calor y el más suave de los otoños se cansará al fin del refinamiento y suspirará por una escarcha rápida que mate su fecundidad (…) Todo se cansa con el tiempo y empieza a buscar cierta oposición para salvarse de sí mismo.” La armonía, el modo en el que se manifiesta la dialéctica de los elementos de la realidad, queda de manifiesto en el alimento de los hombres, cuya singular sazón, solo se puede obtener a través de un sabio combinar. El Bodegón del banquete de Van Beijeren nos expresa que, una forma de ser en permanente búsqueda de su propia esencia, de su auténtico sabor, aún contradictoriamente, resulta en definitiva, la naturaleza más viva de todas.

Francis Bacon: la delicia de la putrefacción

Posted by Jesus Ademir Morales On marzo - 17 - 2009

artwork_images_928_72790_francis-baconEl pintor inglés Francis Bacon nos acerca al vórtice del mundo: en sus obras, todo en derredor se muestra como vano, cuando nos interiorizamos lo suficiente en nuestra propia conciencia, en el corazón secreto del ser. Desde allí, la realidad entera se manifiesta como un remolino, en un devenir sin esperanza: nuestro propio sujeto, afuera, nos contempla irónico antes de disgregarse en ese vendaval de vacío.

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Los personajes de las pinturas de Bacon frecuentemente están sentados, como si aguardaran algo, como si estuviesen cautivos en una pieza de Beckett. Lo que esperan parece nunca llegar. Al final, solo nos queda el registro de la nauseabunda deconstrucción de su paciencia. (Pero si se observa bien, puede que lo que aguarde, sea su particular degradación, que con todo el tiempo del mundo, mira caer cada pedazo de aquel lastre, que se olvidó)

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Existe en Francis Bacon una cierta delectación por la podredumbre, una sensibilidad admirable por la delicia de la putrefacción. Pero se olvida que todo lo suyo es arte: hace mucho tiempo que la realidad ha superado a su representación: hoy en día, las creaciones de Bacon no son más que espejos insuficientes. Sus personajes, en secreto, se ríen ¿de quién?

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Parecería que, si para Dalí el tiempo se consumía derritiéndose en su propia añoranza, para Bacon, en contraparte, la temporalidad, fascinada por su propia imagen en la alteridad de la carne, se insertara en ella con todo el entusiasmo de quien descubre sus propias fuerzas y quiere explorarlas sin contemplaciones. A nosotros es a los que solo nos resta ser testigos presenciales de ese des-cubrimiento, literal.

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Todos tenemos un lugar en el infierno de las creaciones de Bacon. Para tomar conciencia de esto no se requiere más que acercarse a sus obras y observarlas detenidamente, con paciencia, concentración y mucha sinceridad. Pronto nos veremos allí. (La conciencia entonces, ya no será necesaria)

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Las figuras de Bacon pueden hacernos pensar en una perspectiva externa del ser humano, de su realidad, de su verdad. Pero entonces, ¿Quién es el Único que puede mirarlo Todo desde fuera? Ante ese ámbito de criaturas torcidas y extenuadas, no es de extrañar que ese Ser tan esperado no llegue aún. Sin embargo, la esperanza es lo último que muere: de acuerdo a Bacon, no habrá nadie nunca que lo pueda desmentir.

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Des-hacerse es hacerse de…: el vacío es elocuente.

Comentando a Emil Michel Cioran

Posted by Jesus Ademir Morales On marzo - 5 - 2009

cioranEn lo que sigue desarrollaremos un comentario reflexivo con respecto a algunos aforismos del gran filósofo francés de origen rumano, E.M. Cioran:

“Ningún instante en el que no me asombre de encontrarme precisamente en él.”

La existencia no es más que una concatenación de casualidades que se ha tomado demasiado en serio. La vida humana pudo haber sido originalmente solo una eventual manera de pensarse, un subterfugio ideado al momento, para llevar a cabo alguna actividad cotidiana, y que por azarosas circunstancias se nos anquilosó en el ser profundo. Pero en ciertos momentos de desgarradura, aquella entidad inocente, libre e ilimitada, recobra la memoria, para contemplarse cautiva de su propia invención, estupefacta y arrepentida.

“Aquel poeta se especializó en lo fulgurante”

Los poetas son portadores de un saber de retornos. No hay que buscar en sus composiciones algo que repare nada. No suturan la herida que separa las palabras y las cosas. Muy por el contrario, ahondan tal escisión hasta hacernos entrar en esa misma llaga, con el alma entera. Al efectuar esa vuelta al cálido fondo donde aguardan, desde siempre, los ínferos del ser, nos percatamos de que, dentro y fuera, desde cierta perspectiva no son más que sinónimos en fuga permanente, como los polos idénticos de un imán. Y merced a esa vuelta a las regiones más recónditas del interior propio, podemos percibir el fulgor indecible de lo que alguna vez se quiso manifestar así, en la alteridad. Después, no queda más que retornar al mundo, a las cosas y objetos evocados en los versos, pero ahora contemplados de otra manera. Poesía es luz que alumbra, para ver(se) mejor las sombras.

“La música sólo existe mientras dura la audición, como Dios mientras dura el éxtasis. El arte supremo y el ser supremo poseen en común el hecho de depender totalmente de nosotros.”

La absoluta trascendencia es la inmanencia que se reconoce, razonablemente, en lo relativo. Puesto que solo en lo que se despliega allende los ámbitos controlables de la razón es dable a ser sentido con toda la intensidad del espíritu, y la música es uno de esos elementos, que como un ritual iniciático, forjado a través de armonías y pentagramas, aritméticas del arte que precisan ser superadas, nos sitúa en espacios donde lo divino se entrevera con la interpretación artística del creativo. En ese instante fugaz, en el que todo, como Todo, se justifica sin razón alguna, la fuerza de la inmanencia se torna en absoluto, como humano: lo sagrado se expresa entonces en su mera evocación, la obra culmina cuando se realiza en nosotros, más allá de todo lo real.

Baciccio: el Cielo y lo Circunvalante

Posted by Jesus Ademir Morales On marzo - 4 - 2009

gesufig4En una obrita muy amena, Karl Jaspers, el gran filósofo, cita al neoplatónico Plotino en un hermoso pasaje que enuncia lo siguiente:

“A menudo, cuando despierto del sopor del cuerpo para volver en mí, veo una maravillosa belleza: entonces creo con la mayor firmeza en mi pertenencia a un mundo más alto y mejor, obra enérgicamente en mí la más gloriosa de las vidas y me hago uno con la Divinidad”.

La vivencia mística de Plotino es ponderada por Jaspers para ilustrar su profundo concepto de lo Circunvalante. Para Jaspers, la relación habitual con que conceptualizamos el conocimiento es decir, la diada sujeto-objeto, en el fondo es una noción imposible, porque no puede uno escapar de ella a un supuesto exterior desde donde visualizarla en su conjunto. Pero precisamente esta imposibilidad alude a una intuición del mundo como ámbito cerrado, que lógicamente, señala como exterior a una cierta enigmática región de la que no es posible referir nada y a la que solo es posible acercarse por medio de lo que trasciende el logos, es decir, el sentimiento, la sabiduría, la fe y el arte. Tal dimensión inefable, que nos supera por completo, es para el maestro Jaspers, lo Circunvalante.

Y es el arte, precisamente, por ejemplo en el exquisito estilo del pintor barroco Giovanni Battista Gaulli mejor conocido como Baciccio, el que nos acerca sensiblemente, a lo que Plotino trata de hacernos pensar, y Jaspers comprender: una vía para experimentar la infinitud de lo Circunvalante. Por ejemplo en el extraordinario fresco de Baciccio, titulado “Adoración del nombre de Jesús” , en esa fastuosa escena celestial en la que ángeles y bienaventurados levitan grácilmente entre una lluvia de brillos etéreos, rodeando en una dinámica espiral de trascendencias a la Santísima Trinidad, radiante y pura. En todo este despliegue de detalles, acaso Baciccio hubiese intentado tratar de plasmar al Cielo entero por obra de su arte, para limitarlo; y así, en un admirable sacrificio, aludir a aquello que está más allá de su afán expresivo: el silencio de lo Circunvalante, la esencia inasible y milagrosa del mundo, que acaso Baciccio hubiese podido tocar y sentir en arrobos sublimes, pero solo a costa de extenuar su arte, en una ofrenda tan hermosa como la que hace una estrella nova en honor del Universo que la rodea.

Tanto Jaspers con sus hondas reflexiones, como Baciccio con su manifestación pictórica hecha de luz poesía, son pasajes hermosos de lo que el maestro alemán denominó como la escritura cifrada del ser: la manera como el Cielo se recuerda en nosotros, en nuestras expresiones hechas Cielo y mundo, en una contemplación eterna de sí.

Apuntes sobre HR Giger

Posted by Jesus Ademir Morales On marzo - 3 - 2009

giger-necronom-v-medium1.- En la obra del suizo HR Giger se puede vivenciar una circunstancia de hiperrealidad que en ciertos momentos visionarios Jean Baudrillard anticipó aciaga y lucidamente. Poco a poco, las sociedades se han vuelto tan complejas, que el sujeto se ha difuminado ante el objeto, o más bien, han entrado en alternativas maneras de relacionarse con las cosas: antes el objeto era el medio por el cual el sujeto realizaba toda suerte de deseos, fantasías o anhelos; hoy es todo lo contrario, el sujeto en fuga no es más que una prolongación del artefacto mismo en la realidad. La preeminencia incontrolada de la tecnología ha logrado convertir la corporeidad en un artefacto más: el declive de todos los relatos instauradores, nos ha dejado en un ámbito vacío, en donde individuos sin fundamento se aferran desesperadamente a una suicida relacionalidad ultrafáctica con su entorno: lo natural se inmola voluntariamente en lo patente, concreto y tangible del artificio. Las creaciones de Giger, sus densos universos de seres biomecanizados, bien pueden ser los entornos que Baudrillard vaticinó, en donde el cuerpo humano paulatinamente se va tornando superfluo: la conducta cristalizada en determinadas formas de ser, sin ser, vinculada a pantallas de control y terminales de mando. En palabras del sociólogo francés “Lo real como un gran cuerpo inútil”.

2.- Al mismo tiempo, las dantescas criaturas de Giger, sus infiernos posindustriales se asemejan mucho a una representación conmocionante del regreso al ente comentado por Heidegger, con respecto a ciertos planteamientos de Nietzsche. Para Heidegger, el autor de Zaratustra nunca se ocupa del ser mismo, sino que desplaza la problemática para comprender al ser como valor, lo cual, a su juicio, no es más que una condición para el ente, en tanto que la realidad será para Nietzsche explicada desde el ente mismo. Toda metafísica, de acuerdo Heidegger, niega al ser como ente, para luego, a continuación, al seguir los derroteros de su esencia, volver a él. Y si bien Heidegger cimentó su propia reflexión como una vía para pensar al ser desde el ser mismo; parecería que Giger eligió el camino opuesto, y se atrevió a explorar ese Nietzsche vital e imperioso, pensado por Heidegger, que se aventura a retornar el valor, pero ilimitadamente- postracionalmente- al ente, como el ser mismo, en el que es posible transmutar (se) en posibilidades infinitas y fascinantes. El célebre Alien cinematográfico de Giger, terrible y bestial, podría ser más humano, todo un ultrahombre en el sentido nietzscheano, de lo que su apariencia indescriptible nos devela.

 Cara a cara“Habitable” es una exposición, formada por  una serie de obras de diferentes características, que conforman  un mundo creado para soñar y  despertar la imaginación; un mundo surrealista,  habitado por figuras humanas de escala reducida donde cualquier idea es válida.

“Habitable” es también una pregunta que el propio Rafael Picó, hace a  los espectadores. Preguntándoles si es habitable su vida, sus hogares o incluso si ellos mismos son habitables

De carácter multidisciplinar, la exposición se compone de escultura, pintura y video; además, para contestar a la pregunta de habitabilidad, el visitante tiene a su disposición unas hojas, donde puede explicar su visión del concepto.  

En cuanto a la técnica, los cuadros están hechos con esmalte sobre tabla y para su realización no usa el pincel, sino la técnica del dripping, pero a diferencia de J. Pollock, esta es controlada por medio de unos dosificadores, realizando formas y dibujos. En cuanto a las esculturas, se trata de tablones de madera donde construye siluetas y edificios de cerámica, que también aparecen en los cuadros sólo que aquí en tres dimensiones. Hay tres posturas básicas de los personajes caminando, arrastrándose y sentados pensando, lo que hace referencia a los sueños, los caminos y a los pensamientos sobre lo que es habitable y la búsqueda del lugar de cada uno.  Respecto al video, es una proyección del montaje de la propia exposición, donde se puede apreciar la técnica anteriormente citada.

Esta muestra se puede ver hasta el próximo 11 de marzo en LA LISA arte contemporáneo en Albacete, situada en la C/Marqués de Villores, 70.