La pequeña Cultu en el reino de Sinde-SGAE: desenlace

Posted by Eva Rodríguez On Enero - 27 - 2010

Recordemos brevemente la historia:

Música

(inicio flashback) En el pueblo de Des, perteneciente al reino de Sinde-SGAE, no habían oído nunca música. Un día, no obstante, la pequeña Cultu les trajo algo que les cambiaría radicalmente la vida: un reproductor de discos.

Pero las cosas no iban a ser fáciles: la reina de Sinde acabaría descubriendo que estaban escuchando música sin su permiso y tomaría medidas drásticas (fin flashback).

“¿Cómo se atreven a escuchar música sin mi permiso?” pensaba la reina.  ”¿De dónde han sacado todos esos discos? ¿Quién es el traidor?”

La reina no lo dudó ni un segundo y utilizó a todos sus súbditos, los soldados SGAE, para descubrir de dónde provenía tal desfachatez. Fácilmente encontraron a Net, pues por todos era sabido que se trataba del mayor coleccionista de música del reino.

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La pequeña Cultu en el reino de Sinde-SGAE

Posted by Eva Rodríguez On Enero - 27 - 2010

Música

Érase una vez, en un diminuto pueblo conocido como Des, situado a las afueras del reino de Sinde-SGAE, vivía una pequeña niña llamada Cultu.

Todo el mundo se reía porque pensaban que Cultu era un nombre tonto. “Qué nombre más feo, no?” se burlaban de ella. “No es feo. Es un nombre de listos”, afirmaba orgullosa, y salía corriendo, esperando ansiosa que pasaran los años para poder demostrárselo.

Cultu vivía con sus padres en una casita en el centro del pueblo. Su padre era leñador y su madre, la ayudante de la profesora del colegio.

Ah, había olvidado decíroslo: en Des no existía la música. Se podía hablar y estar en silencio, pero eran incapaces de reconocer cualquier otro tipo de sonido.

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Aaron Lordson o cómo (sobre)vivir de la música

Posted by Eva Rodríguez On Enero - 26 - 2010

Es en días como estos cuando recuerdo cómo me encanta vivir en Barcelona y que el tiempo – ese gran desconocido que nos obliga a quedarnos en casa y a darnos cuenta de que, oh sí, en esa esquina del techo queda patente que aquella fue la primera y probablemente única ve que sostuvimos una brocha con pintura en nuestra mano- me permita salir a la calle y sonreir sin que se me congelen las comisuras de los labios. Sí, porque gracias a eso pude disfrutar del personaje que ocupa este post: Aaron Lordson.

Llámenme inculta,  pero no supe nada de él hasta hace un par de meses. Quizás como muchos otros. O no. En realidad, la mayor parte de su carrera se ha desarrollado en la calle. Y resulta difícil de creer cuando se le escucha cantar: es entonces cuando uno se siente estúpido por no saber quién es o no habérselo encontrado antes.

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Lovecraft: pedagogía del estremecimiento

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 15 - 2009

lovecraftEugenio Trías, como Foucault, nos recordó la sabiduría que se atesora en las sombras de la cultura. Lovecraft, por su parte, puede comprenderse como una singular constelación que los discursos marginales compusieron alguna vez, y que en la oscuridad de su mensaje, oculta una profunda enseñanza acerca de la realidad humana. Muchas veces tanta luz no deja ver nada, y en contraparte, las penumbras siempre son sinceras, conscientes, de sus propias simas.

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Toda educación pre-supone una visión integral del mundo, que a través del entreverado de materias y temas de estudio se puede percibir. De tal modo que, desde cierta perspectiva, formarse escolarmente quiere decir: de-formar lo disperso, para componer una entidad global, dotadora de sentido, con respecto a la totalidad de los entes. En Lovecraft se presenta la misma circunstancia: sus protagonistas se enfrentan abruptamente a una fragmentación de su realidad cotidiana, para verse arrastrados a una toma de consciencia, ahogo de clarividencia, en la monstruosa recomposición de un conocimiento más hondo, acerca de las abisales dimensiones del misterio cósmico.

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Cthulhu somos todos, en la diferencia del pensamiento. Cuando un profesor educa a un alumno, se produce un desplazamiento, no de ciertas informaciones que transitaran de un ser a otro, sino de la manera en la que cada uno de los participantes del proceso educativo se piensa con referencia a todos los demás existentes. El alumno deja de ser él mismo un poco, al comprenderse, como totalidad encaminada, en el discurso revelador del maestro. De esta manera, todo aprendizaje es monstruoso. Así igual Cthulhu y los demás Primordiales no son más que las diferentes etapas posibles, en la ruta hacia el develamiento propio. El aprendizaje de las simas di-simuladas por el mundo.

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Educarse implica un anhelo de superación. Pero Lovecraft con sus macabros relatos nos hace reconocer que la luz no es más que el sueño de las sombras. Y así, quien, como el solitario de Providence, renuncia a la parcialidad de su manifestación existencial, para devenir en la ominosa globalidad de lo que es, también se supera, se perfecciona, se transgrede: el firmamento, aunque incite al vuelo, no deja de ser un abismo.

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Lovecraft como maestro nos proporciona una pedagogía de estremecimientos: Cthulhu reposa soñando en la ciudad sumergida de R’lyeh, y si todo aprender es un despertar, es tiempo de reconocer nuestra propia voz, tan humana, en los murmullos del sueño agitado del innombrable que ya se recuerda.

Michel de Montaigne: el estudio como forma de vida

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 9 - 2009

 

montaigne-dumonstierArte es aquello que nos permite reinventar el mundo en cada nueva creación. Sin embargo, gracias a Montaigne, estudiar es igual de importante: es la vía para inaugurar la existencia en cada tópico abordado, sin renunciar, como sucede en la inspiración artística, a la responsabilidad de la conciencia propia.

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Cuando se ensaya un tema específico, no se trabaja sobre un corpus de conocimientos sólido como una montaña, a pequeños golpes de cincel, más bien se establecen pequeños soportes sobre el vacío: son las citas elegidas que motivan la elucubración. La manera en que las utilicemos, como Montaigne bien mostro, establece los alcances de nuestra salvación en lo meditado, o un indefectible abismarse en el vacío de la perorata.

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Cada estudiante tiene la oportunidad de salvar al mundo, no tratando de transformarlo en lo más mínimo: Michel de  Montaigne en su torre-biblioteca, luchando por comprenderse, hizo más por el bien de la humanidad, que todos los generales y conquistadores, que han tratado de dominar la Tierra, para hacerse entender a la fuerza.

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Montaigne paradigmático: un buen estudiante no es el que puede asimilar más información, sino el que sabe elegir a los maestros correctos que le enseñaran lo indispensable.

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El autodidactismo debe ir de la mano de la enseñanza masiva. Son aspectos complementarios de un mismo fenómeno educativo. Montaigne, hombre de mundo, garante de buena presencia y tratos en las cortes europeas, fortalecía su alma en la soledad de su biblioteca, escuchando el consejo perenne de los clásicos: ecos nobles, junta de sombras.

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Los  estudiantes deben acudir permanentemente a los clásicos antiguos, los grecolatinos, como Montaigne lo hizo: no porque ya este todo dicho, sino porque lo que realmente vale la pena expresar, solo se puede comprender a plenitud, en la diferencia de la repetición. Los padres de la cultura nos enseñaron los límites de lo decible; para pensar(se) más, es preciso interpretar de nuevo la travesía que los llevó a esos confines. No hay más, que Todo ello.

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Para estudiar verdaderamente, se necesita una honda filia  y una ligera sophia: ese fue el gran secreto de Montaigne.

Cinco viajeros en diez aforismos

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 2 - 2009

leonora-carrington-laberinto-1991-oleo-sobre-telaOdiseo nunca regreso a Ítaca. Por lo menos no a la misma de la que partió. Sin embargo, supo hacer de cada escala una nueva morada. En cambio Penélope, sin salir jamás de su isla llegó más lejos, y estuvo presente en sitios innumerables: escenarios varios para un mismo reencuentro, construidos de pura añoranza.

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Al cabo del tiempo Odiseo, sofocado de tedio, quiso volver a viajar. Y para evadir familiares reproches, escapó disfrazado: recorrió mundo y tiempo, en la figura de Dante, Fausto, Alonso Quijano, Karl Rossman o Leopold Bloom. A la postre, tuvo nostalgia; empero, era demasiado tarde: Ítaca por su parte, había partido también. En su lugar había un lugar extraño y desconocido. Jamás regresó.

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Eneas viajó hasta el mundo de los muertos para conocer la travesía de su propio destino. Sin embargo, el caudillo nunca supo que, paradójicamente, esta inusual cartografía conducía disimulada e ineluctablemente, desde el triunfo de la vida, hasta los reinos de ultratumba, en un eterno retorno.

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Las mismas llamas de la pira de Dido, fueron las que alumbraron la senda marina de las naves de Eneas al partir. Así de grande fue su sacrificio. Lo que nadie sabe es que, tras eras, aún brillan ciertas pavesas: guías esperanzadas de un regreso imposible.

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Herodoto no mintió: quien viaja con el corazón encendido, arriba a lugares que, a veces, no se equiparan con los deseos del alma. Cualquier lugar puede ser maravilloso, si se le mira como si fuese la primera vez que se mira.

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Egipto nunca existió. Solo el espíritu de Heródoto pudo haberlo concebido. Y sin embargo, luego de dinastías y faraones, de templos, ciudadelas y pirámides, de dioses, héroes y tumbas, su invención se tornó tan vasta y magnífica, que siguió por sí misma su propia historia. Nuestra historia.

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Los umbrales del Infierno estaban escritos en una inédita clave, a la inversa, como una prueba más: ni siquiera Dante supo descifrar este sentido. La esperanza fue la que abandonó a los que renunciaron a seguir su propio sino, cualquiera que fuese. Y así, quien busca orientarse para salvar la vida, sin fe; no hace sino viajar, siempre, a las profundidades de su propia perdición.

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Dante encontró a Beatriz en brazos de Dante: los descubrió en el momento mismo en el que la pareja, entrelazada, se disolvía en la vorágine de las fuerzas celestiales en ascenso al infinito. Y así, quien viajó más allá del mundo para encontrar a quien siempre soñó- en el vacío- se extravió por fin.

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Sin trasladarse- Karl viajó a una América laberíntica, y se perdió allí. Al cabo de un tiempo pudo regresar a Europa, el atribulado Kafka. – a ningún lado.

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Joseph K viajo hacia el Castillo para poder encontrar quien le diera razón de todo. Sin embargo, en cada ocasión, Kafka le cerró la puerta. Siempre esperó.

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