Mi segunda mayor habilidad, después de imitar hasta la saciedad el sonido de las tumbleweed, salicor o “boladeloeste“, como prefiráis, es utilizar a los Simpson para explicar lo que yo no sé, que es casi todo. Y hoy no va a ser menos. Empecemos así por la metáfora de los lápices de colores en el cerebro.
Ésta es una radiografía de nuestra educación en la actualidad: un montón de lápices de colores que se nos proporcionan a lo largo de nuestros años escolares cuyo destino es la mera obstrucción de nuestra capacidad de cuestionar. Evidentemente, el resultado final no es siempre el mismo. “A caballo regalado no le mires el dentado”, dicen algunos, así que cogen sus lapices, se los incrustan en la cabeza rápidamente y, acto seguido, se sientan a quejarse. También los hay que los cogen por compromiso, es lo que se espera de ellos, y aunque en el fondo saben que no deberían hacerlo, los introducen finalmente, de una forma quizás más ordenada, por su nariz, autoconvenciendose con un “¿qué podía hacer, si no?”. Finalmente tenemos el tercer grupo, al que les parece una tontería eso de meterse todos los lápices por la nariz por el más que evidente hecho de que se trata de un orificio de salida, y se los esconden en el bolsillo, para quizás proporcionárselos más adelante al grupo del caballo dentado, o aumentar el ego del segundo conjunto. Read the rest of this entry »
Arte es aquello que nos permite reinventar el mundo en cada nueva creación. Sin embargo, gracias a Montaigne, estudiar es igual de importante: es la vía para inaugurar la existencia en cada tópico abordado, sin renunciar, como sucede en la inspiración artística, a la responsabilidad de la conciencia propia.


