El primer día de la primavera: oscuros renacimientos

Posted by Jesus Ademir Morales On Marzo - 20 - 2009

primaveraLa llegada de la primavera nos ofrece la oportunidad de meditar acerca de los profundos significados que entraña este acontecimiento natural para la comprensión humana. Más allá de las manifestaciones particulares de su arribo, a través de los eventos fácticos, existe una apertura de sentidos cifrados que nos hacen patente que el mundo se comunica con nosotros brindando el secreto de su esencia a través de nuestras interpretaciones culturales.

Veamos por ejemplo, la pintura de La primavera de Botticelli: de acuerdo al estudioso Edgar Wind, la estación primaveral estaría expresada en esta obra por un trasfondo neoplatónico, y con una lectura de las figuras desarrollada de derecha a izquierda: primero el dios Céfiro, el viento, persiguiendo a la ninfa de la tierra Cloris; por obra de su pasión Cloris recibe su advocación como Flora, la deidad romana de las flores, los jardines y la primavera; a continuación esta Venus la gran patrona del amor, su arribo una consecuencia directa de los influjos fértiles de Flora. Luego, el amor de Venus, sublimado, orientado a lo trascendente, nos obsequia la divina inspiración de las tres Gracias, hermosas damas danzantes, que representan la Castidad, la Voluptuosidad y la Pulcritud. Finalmente, orientados por el contacto con estas presencias etéreas llega el mensajero de los dioses, Mercurio, que nos señala que hemos superado todas las etapas necesarias para alcanzar la ruta directa al misterio de lo sagrado, estamos ya iniciados en la empatía con la gran Unidad del cosmos perfecto, que Plotino y Marsilio Ficino tanto alabaron.

Sin embargo, vale la pena considerar que todo renacimiento entraña un sacrificio previo. Por ejemplo en la cultura náhuatl del México antiguo, el dios Xipe-Tótec quien era la personificación de la primavera en el panteón mesoamericano, también era “Nuestro señor el desollado” haciendo referencia al sacrificio que hacían los mexicas de sus prisioneros, despojándolos de la piel como una ofrenda a esta deidad, misma que se representaba cubierta con esta parte humana, manifestando que, bajo su influjo, el mundo entero se envolvía con una apariencia renovada y naciente.

Así también, en la pintura de Botticelli, si desarrollamos una lectura de izquierda a derecha, podremos interpretar su significado de acuerdo a una interpretación sui generis que nos recupere esa parte oscura de la llegada de la primavera, que hemos referido. Y entonces, Mercurio nos señalará que su mensaje es una voz de alteridad enigmática, que nos relata cómo, la realidad primera era manifestada por las tres posibilidades de ser que refieren las Gracias, y sin embargo, su derivación en Venus, que, si se observa bien, está fuera de la secuencia de la narración de Botiicelli, parece obedecer a una inestabilidad transformadora en la que la unidad primera divina se va dispersando en lo plural mundano. Flora simbolizaría ese caos fértil que esparce la intencionalidad de los dioses, deconstruyendola en el deseo terrenal de la sensualidad humana. Finalmente, Cloris, pareciera ser la elegida para ser sacrificada por las potencias oscuras del mundo personificadas por Céfiro, y así disgregar esa creación rebelde, independiente y deseosa, para comenzar de nuevo el ciclo, en un vacío de Otredad inefable.

La primavera por lo tanto, es luz, color y júbilo de ser, que oculta, como la realidad entera lo hace,  un mensaje de pérdida, de oscuros renacimientos que no se dan en un solo sentido, y que desde las sombras nos expresan, cuando el vacío quiere recordarse de nuevo.

Pietro da Cortona: problema y misterio

Posted by Jesus Ademir Morales On Marzo - 9 - 2009

pietro-da-cortona-xx-allegory-of-divine-providence-1633-1639-xx-private-collectionGabriel Marcel, el escritor y filósofo francés, parte de una distinción precisa para ingresar en los profundos ámbitos de su reflexión. De acuerdo a este autor, hay una diferencia capital entre problema y misterio. El primero es una interrogante que se presenta delante de un sujeto, desde una perspectiva meramente fáctica, y por lo consiguiente tiene la posibilidad de ser resuelta sin que el sujeto tenga que ver en ello. Los humanos, ante ciertos acontecimientos, no son más que impotentes contempladores, y solo pueden atestiguar el modo en el que los eventos se ven alterados por influencias ajenas. Incluso, es posible que el verdadero cometido de la vida sea solamente prestar atención del fenecimiento del mundo, y no, hacer lo posible por demorar el indefectible paso de la muerte sin final.

Pero a diferencia del problema, que principalmente se relaciona con los discursos y perspectivas de las ciencias; el misterio, se puede concebir en una vivencia más honda y no necesariamente ha de carecer de solución, ni de recaer esta misma, en lo trascendente. Además, en el ámbito del misterio, el sujeto mismo se encuentra implicado: ya no es un simple espectador como en el problema. De acuerdo a lo anterior, podemos pensar que en cada enigma hay un llamado, una invitación a dejar algo de sí, al develar cierto secreto, a cambio de exponer un tanto de lo indecible a la luz. Acaso frente a todo misterio una parte de nosotros se queda para siempre en las sombras, con el propósito de que un conocimiento perenne nunca deje de iluminar añoranzas de aurora en el hombre.

A juicio de Marcel, la equivocación más rotunda por parte de las metafísicas es querer aproximarse a los misterios como si fuesen problemas. Más recomendable es acercarse a los misterios del mundo con una actitud de recogimiento, que alude a una reflexión que parte de los propios registros del ser, que anidan en el corazón del sujeto. Un ejemplo muy claro de esta postura comentada por Marcel, quizá, pudiéramos hallarla en el arte del pintor barroco Pietro da Cortona, en especial en su esplendoroso fresco, titulado “Alegoría de la Divina Providencia”. En este trabajo, lo que trató de hacer da Cortona fue abrir una vía en el firmamento para contemplar a plenitud a las potestades celestes. Su eficiente técnica ilusionista, y la visionaria profusión en los detalles, nos hacen compartir un panorama de transrealidad en el que las fuerzas del Cielo se manifiestan en una dinámica divina. Pero, por medio de la distinción entre problema y misterio de Gabriel Marcel, y por obra del elevado arte de Pietro da Cortona, el contemplador que se aproxime a esta obra pictórica con el recogimiento, la sabiduría respetuosa necesaria, logrará dar un vuelco, y sentir en el alma que ya no mira lo más alto del ser, sino que presta su contemplación a la propia Divinidad, quien desde un sitial más alto, nos hace disfrutar de la aglomeración venerante se sus criaturas celestes. La obra de Pietro da Cortona nos expresa que, los problemas del mundo se resuelven entre todos, pero los misterios se vivencian con lo sagrado, en una íntima participación.