Referencias literarias en Los Simpson

Posted by Eva Rodríguez On Enero - 28 - 2010

2.00pm Comienzan los Simpson…y se para el mundo.

Y así sucede desde hace ya veinte años: nuestros vecinos amarillos nos deleitan una y otra vez con sus inverosímiles –o no tanto-historias.

Hoy nos centraremos en lo “no inverosímil”, en aquello que, sí, también en los Simpson, mantiene su significado fuera de las cuatro paredes del televisor: la Literatura.

Y es que los libros, de una manera u otra, han formado parte siempre de la vida de Homer, Marge y compañía.

En primer lugar, nos cruzamos Edgar Allan Poe. Maestro del terror, sus relatos ha inspirado algunos de los episodios más emblemáticos de los Simpson. Es el caso del poema “The Raven” (El cuervo), que aparece en el Especial de Noche de Brujas I, o “El Corazón delator”, en “La rival de Lisa”. A lo largo de éste último, Lisa irá adoptando similitudes cada vez más evidentes con el asesino de Poe, llevándola también a ella a esconder un diorama que curiosamente representaba “El corazón delator” bajo la tarima, pero no logrará soportar los latidos y acabará por confesarlo todo. En ese mismo capítulo, se hace mención a “Las uvas de la Ira”, de John Steinbeck.

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Los espacios sagrados de Tepozotlán

Posted by Jesus Ademir Morales On Septiembre - 1 - 2009

29508884_67a378dddbLas capillas de los franciscanos en Tepozotlán, en la riqueza de su barroquismo, manifiestan la contradicción metafísica de lo humano: esa elocuente saturación de ausencia, hermanada con una patente atmósfera de teofanía, piadoso silencio de la materia.

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Las imaginerías religiosas para representar los espacios celestiales en los espacios sacros de Tepozotlán, rebosan de erupciones vegetales áureas; como si los reinos excluidos por la vehemencia impositiva animal, se hermanarán para expresar la voz de la divinidad. De tal modo que la planta mecida por el viento, y el soliloquio de brillos de la plata al ocaso, en su muda expresión, real-mente expresan. Solo nos resta apre(h)ender y escuchar (el silencio).

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Tepoztlán: puño montañoso buscando alcanzar el Cielo; Tepozotlán: descenso ofrendado de lo divino al tacto inspirado de lo humano.

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En Delfos la sibila dejaba escapar la voz oracular del dios, que se hacía presente por medio de enigmas. En el afán de hallar un sentido a su críptico mensaje, se gestó la actual racionalidad del hombre. En ciertos espacios del ExConvento de San Francisco Javier, se puede percibir tal complejidad estética, que esta ventana de otredad parece volver a abrirse: pero aquí la razón debe volver sus pasos hacia sus místicos orígenes, fascinada por la trascendencia de su propia anamnesis.

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Tepozotlán: luego de conquistar espiritualmente un imperio entero, aventurarse a colonizar estéticamente el Cielo mismo, con tan humanas creaciones.

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Tal pareciera que la arquitectura de la Iglesia de San Francisco Javier se afanara por alcanzar la otredad de cualquier manera posible: sus alturas se tienden hacia los dominios celestiales, etéreos e inefables; tanto como la profundidad y abigarramiento de sus capillas evoca una mundana, y comprensible, carnalidad.

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Posiblemente, la fachada de la Iglesia de San Francisco Javier, en su barroquismo extremo, no nos diga nada, porque nos manifiesta Todo.

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La combinación de artes de los espacios sagrados de Tepozotlán acrisolan una sola sabiduría, de sacralidad religante y abierta a todos. (Y pensar que Grecia estuvo tan cerca de la Gracia)

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Se cuenta que la Casa de Loreto del ExConvento franciscano en Tepozotlán es una fiel reproducción de la morada de la Virgen María en la ciudad de Éfeso. Por la unidad admirable de su composición, se entiende como un Oscuro alumbró al mundo entero precisamente desde esa misma antigua ciudad: el logos, voz de divinidad que expresa todos los mundos posibles, desde la singularidad humana.

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La geometría de la Capilla doméstica de San Francisco Javier, estructurante y ornamentadora, es como una referencia de la ruta de los pitagóricos en su camino ascendente hacia la cifra más alta de sacralidad. Las etapas hacia Dios valen más si se cuentan.

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En Tepozotlán los mexicas sacrificaron vidas para perpetuar la existencia del Universo; los jesuitas por su parte, allí mismo, ofrendaron el mundo entero- en la complejidad de sus espacios sagrados- para ganar la eternidad de una misma humana alma.

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Imposible que el Relicario de San José, en Tepozotlán, fomentara en los novicios meditaciones sobre un buen morir: tanta vitalidad en policromías, tanto respiro de adornos, tanto y tan puro deseo de (g)estar.

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Los retablos elaborados por Miguel Cabrera e Higinio de Chávez para el templo de San Francisco Javier son sublimes tentativas condenadas al fracaso: imposible querer ir más allá al contemplarlos, al comprobar que el cielo es tan humanamente cercano.

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La caligrafía de luces y reflejos de los retablos de Tepozotlán es por demás expresiva: sin un solo sonido obsequia música; sin una figura central, expone el anhelo de todos los seres, y con solo perecederos materiales, supo comunicar la eternidad.

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Es difícil no identificarse con los ángeles rebeldes, si dejarse caer al mundo puede ser tan digno como elevarse al Cielo, en los retablos de Tepozotlán.

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Creer es tan fácil como crear, en Tepozotlán

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Museología posmetafísica: el llamado de la otredad

Posted by Jesus Ademir Morales On Agosto - 6 - 2009

El Llamado de La Otredad Un trabajo conjunto por parte de Blanca Gonzalez Jimenez, María Ignacia Ortiz, y Jesús Ademir Morales Rojas. Guión Museológico para una muestra sobre la obra de los fotógrafos Nacho Lopez, Graciela Iturbide, y Juan Rulfo. Un ejercicio académico para la Academia Mexicana de Ciencias Antropológicas y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, Agosto, 2009

Lovecraft: pedagogía del estremecimiento

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 15 - 2009

lovecraftEugenio Trías, como Foucault, nos recordó la sabiduría que se atesora en las sombras de la cultura. Lovecraft, por su parte, puede comprenderse como una singular constelación que los discursos marginales compusieron alguna vez, y que en la oscuridad de su mensaje, oculta una profunda enseñanza acerca de la realidad humana. Muchas veces tanta luz no deja ver nada, y en contraparte, las penumbras siempre son sinceras, conscientes, de sus propias simas.

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Toda educación pre-supone una visión integral del mundo, que a través del entreverado de materias y temas de estudio se puede percibir. De tal modo que, desde cierta perspectiva, formarse escolarmente quiere decir: de-formar lo disperso, para componer una entidad global, dotadora de sentido, con respecto a la totalidad de los entes. En Lovecraft se presenta la misma circunstancia: sus protagonistas se enfrentan abruptamente a una fragmentación de su realidad cotidiana, para verse arrastrados a una toma de consciencia, ahogo de clarividencia, en la monstruosa recomposición de un conocimiento más hondo, acerca de las abisales dimensiones del misterio cósmico.

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Cthulhu somos todos, en la diferencia del pensamiento. Cuando un profesor educa a un alumno, se produce un desplazamiento, no de ciertas informaciones que transitaran de un ser a otro, sino de la manera en la que cada uno de los participantes del proceso educativo se piensa con referencia a todos los demás existentes. El alumno deja de ser él mismo un poco, al comprenderse, como totalidad encaminada, en el discurso revelador del maestro. De esta manera, todo aprendizaje es monstruoso. Así igual Cthulhu y los demás Primordiales no son más que las diferentes etapas posibles, en la ruta hacia el develamiento propio. El aprendizaje de las simas di-simuladas por el mundo.

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Educarse implica un anhelo de superación. Pero Lovecraft con sus macabros relatos nos hace reconocer que la luz no es más que el sueño de las sombras. Y así, quien, como el solitario de Providence, renuncia a la parcialidad de su manifestación existencial, para devenir en la ominosa globalidad de lo que es, también se supera, se perfecciona, se transgrede: el firmamento, aunque incite al vuelo, no deja de ser un abismo.

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Lovecraft como maestro nos proporciona una pedagogía de estremecimientos: Cthulhu reposa soñando en la ciudad sumergida de R’lyeh, y si todo aprender es un despertar, es tiempo de reconocer nuestra propia voz, tan humana, en los murmullos del sueño agitado del innombrable que ya se recuerda.

Ecos en el silencio: traducir es interpretar

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 12 - 2009

el-espejo-falso-rene-magritte-1935Walter Benjamin, el inolvidable pensador alemán, consideraba que los seres humanos se comunican en el lenguaje y no por el lenguaje. El hondo sentido de esta perspectiva podemos visualizarla si la relacionamos con el fenómeno de traducir una lengua extranjera. En un estupendo ensayo, también de la autoría de Benjamin, titulado “La tarea del traductor”, el filósofo sostiene que el original de una obra, la poesía pura, es incomunicable, y por lo tanto, toda traducción, entendida en su sentido tradicional de comunicar un mismo sentido, carece de toda utilidad.

En contraparte, Benjamin consideraba que traducir no lleva hacia un acto reproducción, o de corrección, de cierto contenido dado de antemano, sino que, más bien, logra hacerlo florecer de nueva cuenta. Traducir es interpretar. Y así, los mensajes comunicados en una lengua extranjera no nos devuelven el objeto referido bajo ninguna circunstancia sino que lo hacen brotar de nuevo: la realidad compartida permanece siempre como un crisol fecundo, novedoso y perenne de vivencialidad.

Benjamin pondera que, la misión primordial de quien traduce, es hallar en la lengua utilizada el talante más adecuado para que pueda acontecer un eco del original. Por lo tanto, cuando aprendemos un idioma extranjero, lo más importante no es aprender a la perfección las reglas gramaticales o el conjunto más vasto de vocablos, sino encontrar la interioridad conveniente para dejar ser un nuevo mundo, en la comprensión propia.

Un ejemplo de esta postura de pensamiento la podríamos hallar en la obra del pintor Rene Magritte. Célebre es la manera en la que Michel Foucault, el gran historiador de la cultura, supo destacar la ambigüedad profunda de Magritte. En ese mismo cauce, deseamos proponer como Margitte intenta religar el mundo más allá de toda subjetividad, como quien empieza a descubirir(se), creando una nueva manera de ver el mundo al acercarse a una lengua extranjera.

Benjamin y Magritte nos exponen que lo más valioso es poder (re)crear nuestra propia identidad, a través de estrategias novedosas y sorprendentes. Los distintos lenguajes, los dialectos, los idiomas, se concilian en un ámbito infinito de vacío, mientras forjan Todo en virtualidades iridiscentes.

El juego de los dioses

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 10 - 2009

quintana-roo-riviera-maya-xcaret-maya-ball-game-photo-by-riviera-mayaAunque generalmente el baloncesto se considera una invención del canadiense James Naismith, acaecido en las postrimerías del siglo XIX; lo cierto es que su planteamiento primordial se ubica en ciertos estratos de la conciencia colectiva que podrían remontarse a la más remota antigüedad.

Nosotros deseamos defender la postura que lo acerca más, en su intencionalidad señera, a la tradición del juego de pelota mesoamericano. Este deporte, en el ámbito de las grandes civilizaciones prehispánicas, como la tolteca, la nahua, o la maya, tenía hondas connotaciones religiosas, políticas y sociales que potencializaban su popularidad y su trascendencia entre los participantes de estas admirables culturas.

En una cancha de más de cien metros de longitud, varios jugadores protegidos con petos, corazas, coderas, rodilleras y penachos trataban de hacer pasar una sólida (en serio) pelota de caucho a través de unos aros de piedra suspendidos en lo alto de muros monumentales.

Se trataba de un ritual muy importante para los mesoamericanos, ya que en las partidas se rememoraba los orígenes del universo, evocando en cada jugada mitos tan relevantes como el nacimiento del maíz o la aparición de los cuerpos celestes.

Uno de los mitos que más se recordaban en el juego de pelota, dentro de la tradición maya, era el de las hazañas de los Dioses Gemelos Hunahpú e Ixbalanqué- una suerte de Castor y Polux de México y Guatemala- que por medio de su astucia y valentía guerrera combatíeron a los seres del inframundo.

De acuerdo a leyendas recogidas en documentos como el gran Popol Vuh, un tesoro de tradiciones de los Quiche centroamericanos, los Dioses Gemelos fueron gestados en las misteriosas cavernas de Xibalbá, cuando el divino Hun-Hunahpú se unió a la preciosa doncella Ixquic. Al quedar en cinta la joven fue protegida por Ixmukané, una diosa que cuidaba de los hijos mayores de Hun-Hunahpú, quien, por su parte escapaba de los altivos Señores de Xibalbá.

Tras dar muestras de su poderío al deshacerse de sus hermanos mayores, que los incordiaban, Hunahpú e Ixbalanqué retaron en el juego de pelota a los temperamentales Señores de Xibalbá. Como consecuencia del juego, los Dioses Gemelos visitaron el Inframundo, para afrontar diferentes peligros y lograr numerosas hazañas. Finalmente, al salir airosos de todas ellas, los Dioses Gemelos fueron bien recompensados: Ixbalanqué fue transformado en la Luna, y Hunahpú en el brillante Sol.

Así entonces, el entusiasmo que despierta el baloncesto de nuestros días entre millones de aficionados, se puede entender mejor si lo visualizamos como una celebración jubilosa a la persistencia de las fuerzas vitales que nos motivan, y la chispa de ingenio y sagacidad divina que nos sonríe en cada parte del universo.

Michel de Montaigne: el estudio como forma de vida

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 9 - 2009

 

montaigne-dumonstierArte es aquello que nos permite reinventar el mundo en cada nueva creación. Sin embargo, gracias a Montaigne, estudiar es igual de importante: es la vía para inaugurar la existencia en cada tópico abordado, sin renunciar, como sucede en la inspiración artística, a la responsabilidad de la conciencia propia.

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Cuando se ensaya un tema específico, no se trabaja sobre un corpus de conocimientos sólido como una montaña, a pequeños golpes de cincel, más bien se establecen pequeños soportes sobre el vacío: son las citas elegidas que motivan la elucubración. La manera en que las utilicemos, como Montaigne bien mostro, establece los alcances de nuestra salvación en lo meditado, o un indefectible abismarse en el vacío de la perorata.

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Cada estudiante tiene la oportunidad de salvar al mundo, no tratando de transformarlo en lo más mínimo: Michel de  Montaigne en su torre-biblioteca, luchando por comprenderse, hizo más por el bien de la humanidad, que todos los generales y conquistadores, que han tratado de dominar la Tierra, para hacerse entender a la fuerza.

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Montaigne paradigmático: un buen estudiante no es el que puede asimilar más información, sino el que sabe elegir a los maestros correctos que le enseñaran lo indispensable.

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El autodidactismo debe ir de la mano de la enseñanza masiva. Son aspectos complementarios de un mismo fenómeno educativo. Montaigne, hombre de mundo, garante de buena presencia y tratos en las cortes europeas, fortalecía su alma en la soledad de su biblioteca, escuchando el consejo perenne de los clásicos: ecos nobles, junta de sombras.

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Los  estudiantes deben acudir permanentemente a los clásicos antiguos, los grecolatinos, como Montaigne lo hizo: no porque ya este todo dicho, sino porque lo que realmente vale la pena expresar, solo se puede comprender a plenitud, en la diferencia de la repetición. Los padres de la cultura nos enseñaron los límites de lo decible; para pensar(se) más, es preciso interpretar de nuevo la travesía que los llevó a esos confines. No hay más, que Todo ello.

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Para estudiar verdaderamente, se necesita una honda filia  y una ligera sophia: ese fue el gran secreto de Montaigne.

Cinco viajeros en diez aforismos

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 2 - 2009

leonora-carrington-laberinto-1991-oleo-sobre-telaOdiseo nunca regreso a Ítaca. Por lo menos no a la misma de la que partió. Sin embargo, supo hacer de cada escala una nueva morada. En cambio Penélope, sin salir jamás de su isla llegó más lejos, y estuvo presente en sitios innumerables: escenarios varios para un mismo reencuentro, construidos de pura añoranza.

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Al cabo del tiempo Odiseo, sofocado de tedio, quiso volver a viajar. Y para evadir familiares reproches, escapó disfrazado: recorrió mundo y tiempo, en la figura de Dante, Fausto, Alonso Quijano, Karl Rossman o Leopold Bloom. A la postre, tuvo nostalgia; empero, era demasiado tarde: Ítaca por su parte, había partido también. En su lugar había un lugar extraño y desconocido. Jamás regresó.

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Eneas viajó hasta el mundo de los muertos para conocer la travesía de su propio destino. Sin embargo, el caudillo nunca supo que, paradójicamente, esta inusual cartografía conducía disimulada e ineluctablemente, desde el triunfo de la vida, hasta los reinos de ultratumba, en un eterno retorno.

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Las mismas llamas de la pira de Dido, fueron las que alumbraron la senda marina de las naves de Eneas al partir. Así de grande fue su sacrificio. Lo que nadie sabe es que, tras eras, aún brillan ciertas pavesas: guías esperanzadas de un regreso imposible.

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Herodoto no mintió: quien viaja con el corazón encendido, arriba a lugares que, a veces, no se equiparan con los deseos del alma. Cualquier lugar puede ser maravilloso, si se le mira como si fuese la primera vez que se mira.

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Egipto nunca existió. Solo el espíritu de Heródoto pudo haberlo concebido. Y sin embargo, luego de dinastías y faraones, de templos, ciudadelas y pirámides, de dioses, héroes y tumbas, su invención se tornó tan vasta y magnífica, que siguió por sí misma su propia historia. Nuestra historia.

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Los umbrales del Infierno estaban escritos en una inédita clave, a la inversa, como una prueba más: ni siquiera Dante supo descifrar este sentido. La esperanza fue la que abandonó a los que renunciaron a seguir su propio sino, cualquiera que fuese. Y así, quien busca orientarse para salvar la vida, sin fe; no hace sino viajar, siempre, a las profundidades de su propia perdición.

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Dante encontró a Beatriz en brazos de Dante: los descubrió en el momento mismo en el que la pareja, entrelazada, se disolvía en la vorágine de las fuerzas celestiales en ascenso al infinito. Y así, quien viajó más allá del mundo para encontrar a quien siempre soñó- en el vacío- se extravió por fin.

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Sin trasladarse- Karl viajó a una América laberíntica, y se perdió allí. Al cabo de un tiempo pudo regresar a Europa, el atribulado Kafka. – a ningún lado.

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Joseph K viajo hacia el Castillo para poder encontrar quien le diera razón de todo. Sin embargo, en cada ocasión, Kafka le cerró la puerta. Siempre esperó.

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La historia del cine en diez microrelatos

Posted by Jesus Ademir Morales On Junio - 1 - 2009

septimo_selloSicilia vacía se baña con la luz del alba. Luca Brasi besa la mano de Vito Corleone: han engañado a todos sus enemigos. En la soledad, las cabras escapan. (The Godfather, 1974)

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“Red” Redding encuentra el paquete de Dufresne y se pierde en la noche. En la celda suspiran. Rita Hayworth sonríe. (The Shawshank Redemption, 1994)

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Tuco, Blondie y Angel Eyes disparan. En el calor del desierto, los ecos. Caen. En la tumba vacía. (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966)

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El verdadero Deckard suelta la mano del replicante. Cae del edificio. La paloma en vuelo desprende chispas en un último instante: sus ojos brillan. (Blade Runner, 1982)

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Pero antes, Rick Blaine regresó al lugar. Disparó. El piano en silencio. Sam e Ilsa en vuelo. No regresarán. (Casablanca, 1942)

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Darth miente: Luke no renunciará a la princesa. El Halcon Milenario saboteado, estalla. La fuerza, con intensidad, se une de nuevo. (The Empire Strikes Back, 1980)

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Los samuráis, hartos de ingratitud, acaban con todos. Un vagabundo huye con los sables. Silbando. Sin honor. Las tumbas se olvidan. (Shichinin no samurái, 1954)

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Suelta la almohada. El cuerpo inmóvil. McMurphy gesticula. Estupido Jefe. No fingía. En el nido, los gusanos se dan un festín. (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1975)

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La muerte es tramposa. El caballero lo sabe, pero no se lo dirá. La familia de saltimbanquis hace piruetas con las olas. El mundo se pierde con el ocaso. Las piezas en el tablero se confunden. En la playa vacía, el escudero despierta. (The Seventh Seal, 1957)

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Sin embargo, el tren arribó: todos murieron. La pantalla rasgada. La sala en silencio. Lumière mentía. (L’Arrivée d’un train à La Ciotat, 1896)

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La sabiduría de Héctor

Posted by Jesus Ademir Morales On Mayo - 27 - 2009

atletas1Es posible que ser humano implique ciertos límites. Pero de igual manera, el tratar de superarlos corresponde a su singular naturaleza. Así pues, lo trascendente esta allí, pero nada más; por su parte el hombre, al tratar de alcanzarlo, permanece en total dinamismo: vive a plenitud. Por lo tanto, el hombre frente a lo divino siempre obtiene un sutil triunfo, efímero pero cierto, en su tentativa existencial. Veamos el caso de Héctor, por ejemplo.

El ser de límites

Héctor es el contrincante más formidable de Aquileo. No por algún atributo obsequiado por el favor de las deidades olímpicas, o a través de ciertos hechizos. Sino porque Héctor es un hombre común y corriente de gran espíritu. Homero tiene un gran acierto literario cuando compara la naturaleza veleidosa del gran caudillo de los Aqueos, propio de su estirpe semidivina, con el modo de ser tan sencillo, tan comprensible de Héctor: el modo en el que se acerca a su familia: habla con su padre Príamo, consuela a Andrómaca, su esposa, y juega con su vástago, el pequeño Astianacte. Aquileo puede enfrentar a cualquier ente, a cualquier criatura del mundo, pero el hecho de tener que vérselas con un ser tan parecido y al mismo tiempo tan lejano a su particular esencia, lo sitúan en la mayor de sus confrontaciones.

El límite del ser

Y esta divergencia se hace patente cuando en el clímax de su desigual contienda, Héctor actúa de una manera que supera en mucho cualquier acción que pudiera llevar a cabo Aquileo: Héctor escapa corriendo, de su enemigo furioso. ¿Qué implica para el hijo de Peleo y Tetis, que Héctor trate de salvar su vida emprendiendo la carrera a través del campo de batalla? Más allá de considerar esta determinación como un acto de cobardía, Aquileo tal vez percibió como la afrenta más grande el hecho de que Héctor, un hombre, un mortal sin más, demostrara cuanto puede hacer quien valora como ningún ser, como ningún dios, su propia existencia. Correr implica un estado en el que se experimenta a fondo el dinamismo de vivir: los músculos se tensan, la sangre se agita, se oxigenan los pulmones, el sudor se esparce. Aquileo, condenado a la gloria y a la inmortalidad, nunca podrá ser capaz de tener una experiencia de humanidad tan grande. Es por eso que su figura resulta tan trágica, y tan admirable: su posterior actitud piadosa ante Príamo, al cederle el cadáver de su vencido-pero en el fondo, en el corazón, vencedor- adversario, Héctor, es una confesión no explícita, un homenaje a la condición de quien que es capaz de llegar al límite mismo del ser, pero de igual manera, de tener el deseo de regresar (corriendo) al mundo, a vivir para contarlo.