Schleiermacher: el sentimiento del ser único, en todos

Posted by Jesus Ademir Morales On marzo - 30 - 2009

wrathUno de los posibilitadores del pensamiento hermenéutico contemporáneo lo tenemos en Friedrich Schleiermacher, un notable pensador alemán que se constituye como un referente imprescindible del primer romanticismo. Para Schleiermacher, es capital la toma de conciencia de que, el conocimiento de la realidad y lo que la trasciende, se encuentra estrechamente vinculado a la intuición o el sentimiento del infinito. En la intuición se lleva a cabo una conexión inmediata con lo profundo del ser, es decir, con la inmensidad de su esencia inasible.

Además, de acuerdo a esta ponderación de la experiencia individual acerca de lo real, toda teoría o dogma del saber pierden toda relevancia excesiva y se constituyen como meras referencias solo parciales de una vivencia integral de la realidad. Sin embargo, los dogmas religiosos, pueden servirnos como indicadores o señales, para acercarnos a una experiencia religiosa sincera y transparente, que sin embargo, solo podrá tener sentido y experimentarse a plenitud, de acuerdo a su circunstancia e historicidad particular.

De esta misma manera, la atención a la singularidad ocupa el centro de la ética de Schleiermacher: no se debe actuar de cierta manera por obra de un abstracto e ideal valor, sino que, más bien, en la medida en que cada persona encarna a una perspectiva del infinito del ser, todas ellas ostentan un específico valor, y deben tomarse en cuenta: por tanto, se pueden construir acuerdos de convivencia, y puentes de relación, fundamentados en la racionalidad y el respeto de las distintas culturas, y sus maneras particulares de existir.

Así como Gadamer posteriormente ponderaría, para Schleiermacher la realidad es como un libro a interpretar, un texto borgesco: infinito y siempre diferente; puesto que cada viviente puede hallar, en la experiencia de su lectura, de su perspectiva, una ilimitada capacidad para ser en todo ser. Para Schleiermacher, la vida autentica está en la intuición de vida de todas las personas; en una armonía que hace estremecer al cosmos entero: lo hace latir.

Heráclito en la Red Room: el logos de David Lynch (I)

Posted by Jesus Ademir Morales On marzo - 19 - 2009

1Relacionemos algunos fragmentos del filósofo presocrático Heráclito, con el cine del realizador norteamericano David Lynch:

“Por ello es necesario seguir lo que es común, pues lo común es lo que une. Pero, aunque el logos es común, la mayoría viven como si cada cual tuviera una inteligencia particular.”

En las cintas de David Lynch se presenta una notable constante: los protagonistas toman consciencia abruptamente de que el orden imperante de su realidad, el logos de su existir, no es el que rige a las demás personas. De allí que la mayoría de sus epopeyas, extrañas y surrealistas, brote de la confrontación entre su realidad vivencial, contrapuesta a la caótica en la que participan los otros seres humanos. La diferencia pasmosa entre la vivencia de las personas, la manera en la que el logos se ha disgregado, es esta simbolizada en la confusa dimensión de la Red Room de Twin Peaks y sus bizarros habitantes: son el reflejo de nuestro ser, pero en lo absolutamente diferente, lo que se rige bajo razones inconmensurables, expresándose en enigmas.

“Intentan purificarse manchándose de sangre. Es como si después de haberse manchado de barro, quisieran limpiarse con barro. Y se tendría por insensato al que quisiera reprocharles su conducta. También dirigen plegarias a unas estatuas. Es igual que si se hablase a las casas, por no saber lo que son los dioses y los héroes.”

Tal es lo que sucede en el poblado de Twin Peaks, la singular Comala rulfiana, la Dite dantesca de David Lynch. Los habitantes de esta comunidad escindida entre lo que son y lo que aparentan, que no pueden ser definidos por una u otra faceta, so riesgo de difuminarse en lo ininteligible, tratan de justificar sus actos de moralidad dudosa, como todas, relacionando sus actividades y decisiones, entre sí. Twin Peaks es como una Fuenteovejuna escrita por Philip K Dick.

“Este mundo, el mismo para todos, ningún dios ni hombre lo hizo. Sino que ha sido siempre y es y será un fuego siempre vivo, que se enciende según medidas y se apaga según medidas.”

Fuego camina conmigo, tal es la voz del alma de Laura Palmer, el compendio de tantos párrafos garabateados en un diario que nunca ha dejado de escribirse, y cuyas líneas torcidas se extienden hasta los albores mismos de la realidad, cuando el primer pensamiento deseo y se deseo en todo. Pero para ello tuvo que diversificarse. La pluralidad de Laura Palmer no acabó con su muerte, Twin Peaks es un círculo en donde como dice Heráclito, el principio y el fin se confunden, como seres atormentados en un infinito laberinto de cortinas rojas.

El enigma interior: Don Quijote y la Cueva de Montesinos

Posted by Jesus Ademir Morales On febrero - 26 - 2009

Los aspectos más relevantes en la existencia de un individuo no se resuelven en la consciencia, y ni siquiera, en este mundo cotidiano que habitamos. Continuamente ingresamos a espacios vivenciales que trascienden lo meramente fáctico; ciertas experiencias interiores insospechadas; ciertos estados de comprensión alterados, que se difuminan de inmediato con el desgaste de lo habitual. Y sin embargo, esos ámbitos están allí, son parte integral de nuestro interior, son el eco de la alteridad potencial que nos es inherente. El arte, los sueños, la locura, la poesía, el amor, son umbrales para acceder a ellos y transformar por completo la manera como experimentamos el mundo, nos lo tornan plural, misterioso y revelador.

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El viaje más peligroso del Quijote

Un ejemplo de la manifestación de dimensiones de otredad en nuestro acontecer común, lo podemos ver ilustrado en el célebre episodio del Quijote acerca de la cueva de Montesinos. Recordemos como Don Quijote, acompañado por Sancho y el Primo se decide a ingresar a este lugar para poner a prueba su noble valentía. Tras haber sido bajado allí, a las tinieblas profundas, por medio de una soga; luego de un par de horas, Sancho y el Primo lo suben de nueva cuenta. Pronto descubren que Don Quijote duerme. Al reaccionar, les relata como en las honduras de la cueva conoció a seres de fantasía: el gran Montesinos, Durandarte, una procesión de etéreas doncellas enlutadas, la señora Belerma, quien lleva en sus manos el corazón de su amado. Don Quijote también contempla allí a Dulcinea, el amor de su vida, quien tras mirarlo, sin decir ni una sola palabra, le da la espalda y escapa apresuradamente.

Dulcinea: el ser y la nada

Ni Sancho, ni el primo le creen nada: Don Quijote afirma que estuvo allí durante días, y asegura haber visto cosas que son solo invención del escudero. Y sin embargo, tanta fuerza tuvo para el noble hidalgo esta experiencia, que a partir de ese instante, su ánimo quijotesco irá menguando hasta desembocar en su triste desenlace: la reaparición postrera de Alonso Quijano. Es posible que el episodio de la Cueva de Montesinos haya sido una manera en que Don Quijote interpretara los avatares de su propia existencia, comprendiéndolos de una manera distinta, en donde cada uno de los elementos que allí conoció, no fueran sino manifestaciones de su propio ser: sus anhelos, sus sueños, sus frustraciones, reflejados en lo absolutamente Otro. Tal y como lo hicieron Ulises, Eneas, Dante, Joyce, Kafka o David Lynch. En su sencillez, este pasaje es la culminación de una épica personal, en donde Don Quijote fue héroe más que nunca, pues se arriesgó a tocar los límites del mundo, de la racionalidad, y se asomó para saber que podía descubrirse más allá: imágenes dispersas de belleza inasible, en las doncellas enlutadas, en los palacios cristalinos; símbolos de muerte como en el puñal de Durandarte; la realidad cotidiana como una farsa grotesca en la irrupción de la economía en lo onírico, etc. Pero por encima de todo, la imagen de Dulcinea alejándose, como Beatriz ante Dante, como Eurídice ante Orfeo: hermoso símbolo de una trascendencia imposible para el caballero, para nosotros humanos, demasiado humanos, aferrados desesperadamente a los enigmáticos alcances de nuestra inmanencia.