Definitivamente, nos encontramos inmersos en un periodo de cambios sorpresivos y radicales. La realidad no se vive más como en otros tiempos. Precisamente, las nociones de realidad y de temporalidad parecen haber intercambiado su sentido, y lo real, que antes era considerado como un garante de ser, una confirmación del existir, hoy en día, de acuerdo a la virtualidad que define a las sociedades contemporáneas, no es más que un aditamento: lo real es un accesorio prescindible, una herramienta, un elemento pragmático, cual si fuese el segundero de un reloj que nadie consulta ya. De la misma manera, la temporalidad vivenciada se ha convertido en la cotidianidad más experimentable. No importa tanto qué es lo que hagamos en nuestro tiempo sino que es lo que hacemos con él. El tiempo ya no es el transcurrir de los eventos, experimentado en carne propia, sino el monto de productividad que podamos obtener de nuestra interacción con los fenómenos. Tiempo y realidad se han devenido uno en el otro. Se requiere una nueva mentalidad para asumir estas inéditas transformaciones, que se hacen patentes en todos los ámbitos del mundo contemporáneo.
La educación y sus posibilidades
Por ejemplo, en el ámbito de la educación, las estrategias y tecnologías para la formación a distancia están ampliando su campo de acción, su relevancia y su pertinencia, a pasos agigantados: la noción de escuela, como tal, una institución física para la reunión e impartición de un modelo de pensamiento para una zona geográfica determinada, está derivando hacia una comunidad virtual de dimensiones globales, en donde el diálogo y la construcción de horizontes de sentido, paulatinamente van desplazando la misión del docente, de ser un mero funcionario-centinela del pensar, a constituirse en un hermeneuta tolerante y plural, guiador de la dinámica de las perspectivas compartidas.
Afrontar el reto del futuro
Así también, el campo de los negocios ha transitado a un nuevo esquema de relaciones y condiciones de posibilidad: lo que conocemos como crisis va dejando de serlo, para asumir la imagen de una situación de reto permanente. Paradójicamente, las grandes empresas se ven incapaces de modificar sus esquemas de acción, obsoletos y lastrantes. Se ha producido la desaparición de algunas monumentales corporaciones, algo que hasta hace poco hubiera resultado imposible siquiera de concebir. Las grandes compañías sobrevivientes y las pymes, según la opinión de notables expertos en la materia, son las que deben concientizarse de la rotunda modificación del entorno que se ha efectuado: no es que deban acercarse tibiamente a la Red y sus numerosas alternativas de publicidad y de mercado; sino que deben asumirse como parte integrante del nuevo esquema de realidad que hoy se vive: es preciso abrirse a la Red y aventurarse en sus posibilidades infinitas. El futuro ya está aquí, es necesario volver a superarlo, con todo el arrojo y el entusiasmo posible: desplegar el espíritu y la voluntad de ser hacia nuevos horizontes.
Uno de los posibilitadores del pensamiento hermenéutico contemporáneo lo tenemos en Friedrich Schleiermacher, un notable pensador alemán que se constituye como un referente imprescindible del primer romanticismo. Para Schleiermacher, es capital la toma de conciencia de que, el conocimiento de la realidad y lo que la trasciende, se encuentra estrechamente vinculado a la intuición o el sentimiento del infinito. En la
Como pocas veces un modelo de pensamiento fue tan pertinente a cierto momento histórico, como los planteamientos de William James sobre el pragmatismo en el siglo XX, con referencia a nuestra actualidad. Porque lo que caracteriza a estos atribulados tiempos, es una desaforada manifestación de perspectivas, una dispersión de sentido generalizada e incontenible. Tras el declive de los grandes relatos concentradores de verdad, de cohesión social, el mundo tiene la apariencia de un tapiz oriental, cuyo colorido abigarramiento seduce, pero a la vez confunde y extravía.
La llegada de la primavera nos ofrece la oportunidad de meditar acerca de los profundos significados que entraña este acontecimiento natural para la comprensión humana. Más allá de las manifestaciones particulares de su arribo, a través de los eventos fácticos, existe una apertura de sentidos cifrados que nos hacen patente que el mundo se comunica con nosotros brindando el secreto de su esencia a través de nuestras interpretaciones culturales.
Relacionemos algunos fragmentos del filósofo presocrático Heráclito, con el cine del realizador norteamericano David Lynch:
Para el enorme filósofo alemán Hans Georg Gadamer, su trabajo intelectual tuvo como eje básico el contemplar al lenguaje como un núcleo en el que se religan la subjetividad y el mundo objetivo, o más bien, el no lugar, en donde se reintegran a su (di)fusión primordial.
El pintor inglés Francis Bacon nos acerca al vórtice del mundo: en sus obras, todo en derredor se muestra como vano, cuando nos interiorizamos lo suficiente en nuestra propia conciencia, en el corazón secreto del ser. Desde allí, la realidad entera se manifiesta como un remolino, en un devenir sin esperanza: nuestro propio
Zenón el filósofo de Elea nos da la pauta para llevar a cabo una breve meditación acerca de la importancia que entraña para el sostenimiento de la realidad, el esfuerzo físico aunado al hermenéutico.
Viajar al lugar en donde las cosas y los sonidos que las aluden aún no están vinculadas. Retirar del mundo el velo de la necesidad y de la lógica, de la materialidad y de un sujeto implicante de ella. Trasladarse al centro vacío de toda obra artística, desde donde el sentido toma su crisol y las manifestaciones que puede adoptar en su interpretación, se manifiestan potenciales y libres de todo cauce.
Gabriel Marcel, el escritor y filósofo francés, parte de una distinción precisa para ingresar en los profundos ámbitos de su reflexión. De acuerdo a este autor, hay una diferencia capital entre problema y misterio. El primero es una interrogante que se presenta delante de un sujeto, desde una perspectiva meramente fáctica, y por lo consiguiente tiene la posibilidad de ser resuelta sin que el sujeto tenga que ver en ello. Los humanos, ante ciertos acontecimientos, no son más que impotentes contempladores, y solo pueden atestiguar el modo en el que los eventos se ven alterados por influencias ajenas. Incluso, es posible que el verdadero cometido de la vida sea solamente prestar atención del fenecimiento del mundo, y no, hacer lo posible por demorar el indefectible paso de la muerte sin final.



