Comentando a Emil Michel Cioran

Posted by Jesus Ademir Morales On Marzo - 5 - 2009

cioranEn lo que sigue desarrollaremos un comentario reflexivo con respecto a algunos aforismos del gran filósofo francés de origen rumano, E.M. Cioran:

“Ningún instante en el que no me asombre de encontrarme precisamente en él.”

La existencia no es más que una concatenación de casualidades que se ha tomado demasiado en serio. La vida humana pudo haber sido originalmente solo una eventual manera de pensarse, un subterfugio ideado al momento, para llevar a cabo alguna actividad cotidiana, y que por azarosas circunstancias se nos anquilosó en el ser profundo. Pero en ciertos momentos de desgarradura, aquella entidad inocente, libre e ilimitada, recobra la memoria, para contemplarse cautiva de su propia invención, estupefacta y arrepentida.

“Aquel poeta se especializó en lo fulgurante”

Los poetas son portadores de un saber de retornos. No hay que buscar en sus composiciones algo que repare nada. No suturan la herida que separa las palabras y las cosas. Muy por el contrario, ahondan tal escisión hasta hacernos entrar en esa misma llaga, con el alma entera. Al efectuar esa vuelta al cálido fondo donde aguardan, desde siempre, los ínferos del ser, nos percatamos de que, dentro y fuera, desde cierta perspectiva no son más que sinónimos en fuga permanente, como los polos idénticos de un imán. Y merced a esa vuelta a las regiones más recónditas del interior propio, podemos percibir el fulgor indecible de lo que alguna vez se quiso manifestar así, en la alteridad. Después, no queda más que retornar al mundo, a las cosas y objetos evocados en los versos, pero ahora contemplados de otra manera. Poesía es luz que alumbra, para ver(se) mejor las sombras.

“La música sólo existe mientras dura la audición, como Dios mientras dura el éxtasis. El arte supremo y el ser supremo poseen en común el hecho de depender totalmente de nosotros.”

La absoluta trascendencia es la inmanencia que se reconoce, razonablemente, en lo relativo. Puesto que solo en lo que se despliega allende los ámbitos controlables de la razón es dable a ser sentido con toda la intensidad del espíritu, y la música es uno de esos elementos, que como un ritual iniciático, forjado a través de armonías y pentagramas, aritméticas del arte que precisan ser superadas, nos sitúa en espacios donde lo divino se entrevera con la interpretación artística del creativo. En ese instante fugaz, en el que todo, como Todo, se justifica sin razón alguna, la fuerza de la inmanencia se torna en absoluto, como humano: lo sagrado se expresa entonces en su mera evocación, la obra culmina cuando se realiza en nosotros, más allá de todo lo real.

Baciccio: el Cielo y lo Circunvalante

Posted by Jesus Ademir Morales On Marzo - 4 - 2009

gesufig4En una obrita muy amena, Karl Jaspers, el gran filósofo, cita al neoplatónico Plotino en un hermoso pasaje que enuncia lo siguiente:

“A menudo, cuando despierto del sopor del cuerpo para volver en mí, veo una maravillosa belleza: entonces creo con la mayor firmeza en mi pertenencia a un mundo más alto y mejor, obra enérgicamente en mí la más gloriosa de las vidas y me hago uno con la Divinidad”.

La vivencia mística de Plotino es ponderada por Jaspers para ilustrar su profundo concepto de lo Circunvalante. Para Jaspers, la relación habitual con que conceptualizamos el conocimiento es decir, la diada sujeto-objeto, en el fondo es una noción imposible, porque no puede uno escapar de ella a un supuesto exterior desde donde visualizarla en su conjunto. Pero precisamente esta imposibilidad alude a una intuición del mundo como ámbito cerrado, que lógicamente, señala como exterior a una cierta enigmática región de la que no es posible referir nada y a la que solo es posible acercarse por medio de lo que trasciende el logos, es decir, el sentimiento, la sabiduría, la fe y el arte. Tal dimensión inefable, que nos supera por completo, es para el maestro Jaspers, lo Circunvalante.

Y es el arte, precisamente, por ejemplo en el exquisito estilo del pintor barroco Giovanni Battista Gaulli mejor conocido como Baciccio, el que nos acerca sensiblemente, a lo que Plotino trata de hacernos pensar, y Jaspers comprender: una vía para experimentar la infinitud de lo Circunvalante. Por ejemplo en el extraordinario fresco de Baciccio, titulado “Adoración del nombre de Jesús” , en esa fastuosa escena celestial en la que ángeles y bienaventurados levitan grácilmente entre una lluvia de brillos etéreos, rodeando en una dinámica espiral de trascendencias a la Santísima Trinidad, radiante y pura. En todo este despliegue de detalles, acaso Baciccio hubiese intentado tratar de plasmar al Cielo entero por obra de su arte, para limitarlo; y así, en un admirable sacrificio, aludir a aquello que está más allá de su afán expresivo: el silencio de lo Circunvalante, la esencia inasible y milagrosa del mundo, que acaso Baciccio hubiese podido tocar y sentir en arrobos sublimes, pero solo a costa de extenuar su arte, en una ofrenda tan hermosa como la que hace una estrella nova en honor del Universo que la rodea.

Tanto Jaspers con sus hondas reflexiones, como Baciccio con su manifestación pictórica hecha de luz poesía, son pasajes hermosos de lo que el maestro alemán denominó como la escritura cifrada del ser: la manera como el Cielo se recuerda en nosotros, en nuestras expresiones hechas Cielo y mundo, en una contemplación eterna de sí.

Apuntes sobre HR Giger

Posted by Jesus Ademir Morales On Marzo - 3 - 2009

giger-necronom-v-medium1.- En la obra del suizo HR Giger se puede vivenciar una circunstancia de hiperrealidad que en ciertos momentos visionarios Jean Baudrillard anticipó aciaga y lucidamente. Poco a poco, las sociedades se han vuelto tan complejas, que el sujeto se ha difuminado ante el objeto, o más bien, han entrado en alternativas maneras de relacionarse con las cosas: antes el objeto era el medio por el cual el sujeto realizaba toda suerte de deseos, fantasías o anhelos; hoy es todo lo contrario, el sujeto en fuga no es más que una prolongación del artefacto mismo en la realidad. La preeminencia incontrolada de la tecnología ha logrado convertir la corporeidad en un artefacto más: el declive de todos los relatos instauradores, nos ha dejado en un ámbito vacío, en donde individuos sin fundamento se aferran desesperadamente a una suicida relacionalidad ultrafáctica con su entorno: lo natural se inmola voluntariamente en lo patente, concreto y tangible del artificio. Las creaciones de Giger, sus densos universos de seres biomecanizados, bien pueden ser los entornos que Baudrillard vaticinó, en donde el cuerpo humano paulatinamente se va tornando superfluo: la conducta cristalizada en determinadas formas de ser, sin ser, vinculada a pantallas de control y terminales de mando. En palabras del sociólogo francés “Lo real como un gran cuerpo inútil”.

2.- Al mismo tiempo, las dantescas criaturas de Giger, sus infiernos posindustriales se asemejan mucho a una representación conmocionante del regreso al ente comentado por Heidegger, con respecto a ciertos planteamientos de Nietzsche. Para Heidegger, el autor de Zaratustra nunca se ocupa del ser mismo, sino que desplaza la problemática para comprender al ser como valor, lo cual, a su juicio, no es más que una condición para el ente, en tanto que la realidad será para Nietzsche explicada desde el ente mismo. Toda metafísica, de acuerdo Heidegger, niega al ser como ente, para luego, a continuación, al seguir los derroteros de su esencia, volver a él. Y si bien Heidegger cimentó su propia reflexión como una vía para pensar al ser desde el ser mismo; parecería que Giger eligió el camino opuesto, y se atrevió a explorar ese Nietzsche vital e imperioso, pensado por Heidegger, que se aventura a retornar el valor, pero ilimitadamente- postracionalmente- al ente, como el ser mismo, en el que es posible transmutar (se) en posibilidades infinitas y fascinantes. El célebre Alien cinematográfico de Giger, terrible y bestial, podría ser más humano, todo un ultrahombre en el sentido nietzscheano, de lo que su apariencia indescriptible nos devela.

Aforismos en torno a “El Laberinto” de André Masson

Posted by Jesus Ademir Morales On Febrero - 26 - 2009

andre-masson-le-labyrCada hombre tiene la posibilidad de perderse en su laberinto interior, una sola vez en su vida, para encontrarse infinitas veces más allá de lo que esperaba hallar en ella.

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Masson pugnó en sus obras por indagar en el estrecho vínculo que une al hombre con su naturaleza profunda. Tal pareciera que los habitantes de su Dite personal- de morfologías rebosantes de ser, entes a punto de colapsarse de pura voluntad de existir- hubiesen asimilado toda la fuerza vital del espíritu silvestre del mundo. Y tal vez haya sido así, tras la obra de Masson todo parece más insustancial: literal-mente hablando, sin más.

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Cuando Teseo, llegó al final del cordel del dulce canto, sólo se encontró: solo en su interior: la cornamenta enhiesta ofrenda a un cielo vacío, los ojos torcidos entre lágrimas de Mercurio, la sonrisa turbia de re-conocimiento sincero… que al fin comprende.

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El devenir incesante de la realidad parece tener en las obras de André Masson su manifiesto más elocuente. Su pintura deja ver al ser humano interior, su profunda naturaleza, sus mundos dolientes. Heráclito se asoma a la superficie del río que nunca es el mismo, y se contempla en los tenebrosos abismos agitados, que explora Masson. La vida, la muerte, la violencia, el placer, los sueños y las cosas re-velan en Masson como las apariencias/sueños de un dios delirante que se expresa como una lira tocando acordes fúnebres, y como un arco que derribara a la luna para dejar nacer al sol.

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El laberinto” de André Mason parece haber sigo creado por alguien que buscaba más el extravío que la salida. Pero como bien pre-sintió Wittgenstein: “El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo”. El caótico Minotauro que aguarda en el oleo de Mason, lo sabe, pero nunca nos lo dirá. No nos queda sino penetrar allí, y sentirlo en carne viva.

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La violencia y la mitología son otras de las constantes para comprender a Masson. En su obra bien puede hallar un contrasentido, quien esperaba ver al ejercicio hermenéutico libre de toda imposición metafísica. Pero toda tentativa por interpretar al ser conlleva una pre-comprensión del mundo, que determina su manifestar: el hilo del logos que nos había ayudado a explorar los ínferos del alma, de acuerdo a la desgarradora sabiduría de la pintura de Masson, al final termina por constreñirnos hasta el agotamiento. El último instante de nuestro mistérico pero vano sacrificio, nos deja ver que la silueta de sinuosa Ariadna que había trazado el cordel, no era más que un umbral que se soñó salida, y que ahora se difumina para toda la eternidad.

El enigma interior: Don Quijote y la Cueva de Montesinos

Posted by Jesus Ademir Morales On Febrero - 26 - 2009

Los aspectos más relevantes en la existencia de un individuo no se resuelven en la consciencia, y ni siquiera, en este mundo cotidiano que habitamos. Continuamente ingresamos a espacios vivenciales que trascienden lo meramente fáctico; ciertas experiencias interiores insospechadas; ciertos estados de comprensión alterados, que se difuminan de inmediato con el desgaste de lo habitual. Y sin embargo, esos ámbitos están allí, son parte integral de nuestro interior, son el eco de la alteridad potencial que nos es inherente. El arte, los sueños, la locura, la poesía, el amor, son umbrales para acceder a ellos y transformar por completo la manera como experimentamos el mundo, nos lo tornan plural, misterioso y revelador.

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El viaje más peligroso del Quijote

Un ejemplo de la manifestación de dimensiones de otredad en nuestro acontecer común, lo podemos ver ilustrado en el célebre episodio del Quijote acerca de la cueva de Montesinos. Recordemos como Don Quijote, acompañado por Sancho y el Primo se decide a ingresar a este lugar para poner a prueba su noble valentía. Tras haber sido bajado allí, a las tinieblas profundas, por medio de una soga; luego de un par de horas, Sancho y el Primo lo suben de nueva cuenta. Pronto descubren que Don Quijote duerme. Al reaccionar, les relata como en las honduras de la cueva conoció a seres de fantasía: el gran Montesinos, Durandarte, una procesión de etéreas doncellas enlutadas, la señora Belerma, quien lleva en sus manos el corazón de su amado. Don Quijote también contempla allí a Dulcinea, el amor de su vida, quien tras mirarlo, sin decir ni una sola palabra, le da la espalda y escapa apresuradamente.

Dulcinea: el ser y la nada

Ni Sancho, ni el primo le creen nada: Don Quijote afirma que estuvo allí durante días, y asegura haber visto cosas que son solo invención del escudero. Y sin embargo, tanta fuerza tuvo para el noble hidalgo esta experiencia, que a partir de ese instante, su ánimo quijotesco irá menguando hasta desembocar en su triste desenlace: la reaparición postrera de Alonso Quijano. Es posible que el episodio de la Cueva de Montesinos haya sido una manera en que Don Quijote interpretara los avatares de su propia existencia, comprendiéndolos de una manera distinta, en donde cada uno de los elementos que allí conoció, no fueran sino manifestaciones de su propio ser: sus anhelos, sus sueños, sus frustraciones, reflejados en lo absolutamente Otro. Tal y como lo hicieron Ulises, Eneas, Dante, Joyce, Kafka o David Lynch. En su sencillez, este pasaje es la culminación de una épica personal, en donde Don Quijote fue héroe más que nunca, pues se arriesgó a tocar los límites del mundo, de la racionalidad, y se asomó para saber que podía descubrirse más allá: imágenes dispersas de belleza inasible, en las doncellas enlutadas, en los palacios cristalinos; símbolos de muerte como en el puñal de Durandarte; la realidad cotidiana como una farsa grotesca en la irrupción de la economía en lo onírico, etc. Pero por encima de todo, la imagen de Dulcinea alejándose, como Beatriz ante Dante, como Eurídice ante Orfeo: hermoso símbolo de una trascendencia imposible para el caballero, para nosotros humanos, demasiado humanos, aferrados desesperadamente a los enigmáticos alcances de nuestra inmanencia.