La filosofía de Björk

Posted by Jesus Ademir Morales On marzo - 12 - 2009

bjork2La cantante islandesa Björk, una de las artistas más libres e independientes desde hace más de dos décadas, manifiesta en el fondo de su propuesta musical un eclecticismo suicida que la transforma en una creativa impredecible y nunca conforme.
Björk impacta siempre, no porque nos ofrezca algo nuevo por sí mismo, porque ciertamente no lo hay: la posmodernidad ha desfundamentado todo afán de revolucionar nada; ni siquiera en el ámbito de la expresión musical pop. El éxito de Björk estriba en la manera tan personal de ordenar numerosos elementos culturales, los más diversos y plurales, para trasladarlos a lo melódico, de acuerdo a una sensibilidad artística de libertad jubilosa, que la lleva a explorar el mundo a través de su interiorización ilimitada.De Debut hasta Volta, la estética de Björk se nos ofrece como una reflexión holística vertida en arte.

Cabe recordar que el principio holístico sostiene que las cualidades perceptibles en una totalidad dada son diferentes a las que pueden captarse en cada una de sus partes. Björk, en álbumes tan profundos y experimentales como Homogenic, Vespertine, o Medúlla, pareciera hacernos comprender que la realidad, en su inmensidad subyugante, es totalmente imposible de ser abordada limitándose a tomar y vivir uno de sus elementos integrantes por separado: lo que nos manifiesta Björk en muchos de sus videos, repletos de enigmáticas metamorfosis, y de dinámicas transformaciones inquietantes, es que un organismo rebasa cualitativamente cualquier manera de mensurarle, por medio de la simple adición de sus partes.

Esta genial islandesa comparte la genialidad de los poetas, el visionario talante de los enfermos mentales, y la sabiduría de los niños. Es una hermana espiritual de Jean Dubuffet o de Karel Appel; de Leonora Carrington,  Remedios Varo, Luis Buñuel o Alejandro Jodorowsky.

Algunas de sus composiciones más memorables, como las que elaboró en Selmasongs, para la cinta de Lars Von Trier, Dancer in the Dark (2000) se transforman en himnos al derecho a pensar el mundo desde lo absolutamente otro. Por medio de posindustriales infiernos futuristas, o a partir de oníricos sonidos de paraísos interiores, hechos de cristal y brisa; desde la búsqueda inagotable de nuevas maneras de aproximarse a la esencia de la realidad, desde la música; o la pureza de su gestación natural- como en el álbum Medúlla, que está musicalizado enteramente voces humanas; Björk se nos aparece como una peregrina chamanezca, proveniente de recónditas lejanías boreales, que nos trae mensajes de cómo se mira el mundo desde fuera, cuando estamos todos tan dentro, soñando aún.

Beaubourg: los sonidos del trasmundo

Posted by Jesus Ademir Morales On marzo - 10 - 2009

matta2Viajar al lugar en donde las cosas y los sonidos que las aluden aún no están vinculadas. Retirar del mundo el velo de la necesidad y de la lógica, de la materialidad y de un sujeto implicante de ella. Trasladarse al centro vacío de toda obra artística, desde donde el sentido toma su crisol y las manifestaciones que puede adoptar en su interpretación, se manifiestan potenciales y libres de todo cauce.

Esa oportunidad nos la brinda un clásico de música electrónica experimental:  la obra “Beaubourg” del famoso compositor griego Vangelis. Se trata de una densa grabación de treinta y ocho minutos que apareciera en el año de 1978, y que fuera motivada por la imagen que despertó en la inspiración de Vangelis, La Place Beaubourg , una calle parisina en donde se ubica el célebre Centro Pompidou, del Museo Nacional de Arte Moderno.

Beaubourg es un sendero hacia los ínferos del ser, una secuencia de sonidos de ambientes oscuros e ilógicos. Vangelis se torna en un nuevo Virgilio, que nos acompaña hasta el centro mismo de un infernal laberinto sonoro, en donde los demonios vociferan por medio de una serie de clamores de sintetizador, y las almas de los condenados marchan en ciertas series de ritmos breves que se repiten para dar una pauta de esperanza en poder salir alguna vez de ese espacio, que podría haber sido creado por Jerome Bosch o Roberto Matta, al imaginarse una pesadilla eterna, e intentar expresarla sin imágenes.

Descartes pensó alguna vez en la posibilidad de que un genio maligno hubiera creado el universo entero solo con el afán de poner a prueba nuestro entendimiento, y así sembrar la duda acerca de si el mundo, más allá de las apariencias, pudiera ser algo totalmente diferente- y nosotros pudiéramos pensar- incluso inexpresable.

Vangelis tal vez lo que logró en Beaubourg, fuera capturar los sonidos de esa realidad profunda de Descartes,  esa dimensión de inmediatez que trasciende el mundo como representación, y que desborda toda vía para comprenderlo racionalmente. Beaubourg es un umbral de  misticismo bizarro y trasgresor, que quien lo experimenta ya no puede escuchar las voces que configuran el ser, de la misma manera. A veces el silencio desea expresar sus enigmas, y en Beaubourg, Vangelis supo como ser el portavoz de su mensaje de intempestiva otredad.

Beaubourg transforma a la música electrónica en una vía de especulación metafísica: son los sonidos del trasmundo, que nos dicen, que nos llaman.